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El radicalismo también está en casa

El momento de crisis económica por el que atraviesa Europa y la situación desesperada en la que se encuentran muchas personas, son el caldo de cultivo propicio para el avance de los radicalismos.

Los partidos radicales, fundamentados siempre en el victimismo,  tratan de rentabilizar el descontento y en muchos casos, la ira, de los ciudadanos que padecen los recortes o que se ven abocados a situaciones de desempleo o desatención social.

El avance de Le Pen en Francia y el clamoroso resultado de los radicales neoanazis de Amanecer Dorado en Grecia levantan las alarmas sobre el camino que emprende la Europa de la crisis.

En España resulta sorprendente leer artículos de opinión, editoriales o escuchar declaraciones de políticos que, engalanados de pulcritud democrática, se escandalizan de los resultados de los radicales en otros países, mientras asumen con imperiosa serenidad, como si de algo normal se tratara, los resultados de Bildu o Amaiur en nuestro país, que en el caso concreto de Navarra, podrían condicionar el gobierno de nuestra Comunidad de no ser por el pacto entre UPN y PSN.

Quizás sea verdad que es más fácil contemplar y juzgar lo que no se tiene en casa.

Bildu, Amaiur, o el nombre con el que se presente el conglomerado abertzale indepentista, además de ser ideológicamente comparable a cualquier extremismo del ámbito europeo que ahora nos alarma ( a estos efectos da igual que  sea de extrema izquierda o de extrema derecha), presenta la peculiaridad nada desdeñable,  de jalear a una banda terrorista de la que aún no se ha desmarcado ni un milímetro.

En Navarra, en el resto de España también, al igual que ocurre en el caso de los partidos radicales franceses o griegos, la izquierda abertzale está tratando de patrimonializar el descontento ciudadano para lograr adeptos a su “causa nacional”.

Resulta preocupante comprobar que a los radicales europeos sus discursos extremistas les están dando buenos resultados. Confío en que seamos capaces de entender esta situación aquí, antes de que sea tarde.

Sergio Sayas, parlamentario foral de UPN