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Los niños y las crisis

Nuestros hijos son los descendientes, generalmente, de una generación, la nuestra, que no ha conocido de grandes dificultades económicas. Con más o con menos esfuerzo, cada uno hemos tenido la suerte de tener relativa estabilidad económica. Yo no recuerdo haber oído hablar tanto a “los mayores” de crisis, de paro, de IBEX, de bonus, como ahora escuchan casi a diario los niños en conversaciones, en medios de comunicación… Y de ahí me surgen dos preguntas: ¿Cómo lo viven?, y la más importante, ¿qué podemos hacer para que la entiendan y se enfrenten a la vida con responsabilidad, pero sin temores que los paralicen?

Una vez leí que cada suceso, sobre todo, si es malo, es percibido por los menores tal y como nos ven vivirlo a nosotros. Si ante un contratiempo lo vivimos con serenidad, con las explicaciones adecuadas a su edad, ellos lo vivirán de igual forma. Como casi siempre, son más inteligentes de lo que creemos y agradecen respuestas, aunque no pregunten.

Lo malo de esta situación económica es que será duradera y nuestros hijos, que han nacido y se crían entre algodones, van a vivir, como nosotros, ciertas restricciones, a veces cambios de vida, para las que no están preparados. Por eso es tan importante que dialoguemos con ellos, les hagamos disfrutar de pequeños placeres, les mostremos lo afortunados que son si pueden acceder a algo que nos supone un sacrificio, les enseñemos a valorarse por sus esfuerzos y no por superficialidades y, en definitiva, que vayan apreciando a diferenciar entre lo importante y lo accesorio.

Preparar sus reacciones a futuro es tarea de hoy. Y, sobre todo, como ya decía Michael de Montaigne hace más de cinco siglos:“Más vale cabezas bien hechas, que bien llenas”. Y eso no es sólo tarea de maestros, colegios, etc. Empieza en casa.