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Santa Ana es diferente

En pleno verano festivo en las numerosas localidades riberas, alguien pensará que soy un poco chauvinista resaltando la especialidad de Santa Ana sobre otros patronazgos. Nada más lejos de mi intención. Únicamente pretendo reflexionar sobre el sentimiento tan peculiar que, cualquier tudelano, católico, agnóstico o ateo siente hacia, como se dice en Tudela, San’tana. Hay gente que no pisa una iglesia ni para verla, la religión no va con ellos, e incluso te miran raro si les dices que tú eres católica. Pero el día veintiséis de julio, si es tudelano, el “gesto” de cariño a la Abuela, no lo pueden evitar.

Este año, mi amiga Nuria, tan buena persona como atea convencida, se vino conmigo a las seis de la mañana a la procesión de Santa Ana la Vieja. Sí, porque para empezar, en Tudela tenemos dos. La que todo el mundo conoce, con su rico manto, que está en la catedral y ésta que comento, cuya residencia permanente es la Iglesia de la Magdalena. El recorrido le lleva desde su altar, por las calles de Tudela, hasta lo que aquí llamamos “la visitica”, que no es otra que el encuentro con la de la catedral. Siendo algo sencillo, hay que verlo, la gente llora, le grita vivas y los auroros consiguen enternecerte, por muy dura que seas.

Nuria estaba a mi lado, cogida de mi brazo, que ya para entonces tenía el vello de punta. Y me dice al oído: “Éstas, cuando se vean, harán lo mismo que mis dos tías”. La miré extrañada. “Sí, se dirán, pues te veo maja, estás mejor que yo, ¿a que tomas menos pastillas? Yo cinco… Y paró, del pellizco que le propiné. “¡Nena¡- me gritó- que yo respeto a Santa Ana tanto como tú. Nos íbamos ya a tomar un café y le dije: “Nuria….confiésalo, tú hasta le has rezado alguna vez…”. “Mujer, -me sonrió- alguna vela para algún examen…..”. Ante mi cara de satisfacción me espetó: “Yo no creo, pero… Santa Ana es otra cosa, es …diferente. Y lo es, sólo por la cantidad de irreverencias que, al humanizarla, nos soporta porque sabe el cariño que le tenemos.