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Unos tarde. Otros ni eso.

En el blog de esta semana hablaré sobre la reciente dimisión de Francisco Camps por la trama del caso Gurtel y sobre el desprestigio que sufre la política en general y los políticos en particular, por casos como el Faisán, el propio Gurtel o el de los ERE en Andalucía.

Resulta evidente, que cada día la ciudadanía se encuentra menos identificada con los políticos que en teoría les representan, y ello queda plasmado en que a pesar de la crisis los políticos ocupan la tercera posición en cuanto a las preocupaciones que tiene la sociedad. Desde mi  opinión, gran parte de culpa de este alejamiento que se da entre los ciudadanos y los políticos, la tienen los casos de corrupción y, sobre todo, la manera que tienen la mayoría de los partidos de afrontarlos.

La gente está ya cansada del “y tú mas”. Y es que observando el comportamiento de los dos grandes partidos nacionales, parece que cuando se descubre un caso de corrupción del partido rival, hay que exigir una dimisión inmediata y depurar responsabilidades, pero cuando el caso de corrupción aparece en las filas del mismo, hay que interpretarlo como una conspiración de la justicia y del partido contrario

Así poco a poco los políticos van perdiendo credibilidad y la democracia va siendo vista cada día con más desencanto por los ciudadanos. En España los partidos en lugar de tomar medidas inmediatas ante la presencia de un imputado en sus filas, pasan a una estrategia de ataque-defensa buscando obtener el mayor rédito electoral, dejando totalmente de lado los valores éticos y morales que parten del inmediato reconocimiento público de lo que esta mal.

Me alegro por la dimisión de Camps, más vale tarde que nunca, pero a mi juicio esta se produce demasiado tarde y no por los motivos deseados. Yo creo que Camps no ha dimitido por ética, sino que ha dimitido únicamente por estrategia electoral, su partido solamente le ha presionado para que dimitiera cuando ha visto que se acercaban las elecciones y el caso Camps podía convertirse en un arma en manos del PSOE que tuviera como consecuencia la pérdida de votos. Eso es lo triste, que sólo se ha tomado la decisión de dimitir buscando el rédito electoral, y no por convencimiento democrático.

Pero es que el otro gran partido nacional está igual o peor. Allí durante la negociación con ETA desde el Gobierno socialista a través de la policía, cuya función es detener a los criminales, se dio órdenes de avisar a los etarras de que iba a haber una redada en el bar Faisán. A día de hoy hay ya tres altos cargos policiales imputados y todavía no se ha producido ninguna dimisión política. Yo no me creo que Rubalcaba o Camacho (actual ministro de interior) no estuvieran enterados. Tengo clarísimo que eso fue una orden política que intentaba allanar el camino de la negociación, y los responsables deben de dar la cara. Lo mismo que los responsables del ERE en Andalucía. Pero aquí todo el mundo se lava las manos y como si no hubiera pasado nada.

Por razones como esta es por lo que me siento orgulloso de ser de UPN, el único partido presente en las Cortes Generales que no tiene abierto ningún caso de corrupción. Aquí en cuanto hay un imputado, se le pide automáticamente que se dé de baja y en caso de negarse se le echa. Y es que si de verdad se quiere recuperar la confianza de los ciudadanos hay que predicar con el ejemplo, actuando transparente y honradamente, solo así la política y los políticos volverán a recuperar el crédito perdido. Y es que, como bien decía Albert Einstein, dar ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás, sino la única manera de hacerlo.