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Coloquio sobre políticos y periodistas

Pamplona 21-3-2011

Comparezco encantada en este coloquio y felicito a la Asociación de Periodistas de Navarra que, con un gran sentido de la oportunidad, con un gran “olfato periodístico”, ha organizado lo que podríamos definir como el primer debate electoral entre los candidatos de las principales fuerzas políticas de nuestra Comunidad.

En un ambiente electoral como el que vivimos, en un acto organizado por la asociación representativa de los periodistas navarros, y en un coloquio con presencia mayoritaria de profesionales de la información, todo invita a lanzar un mensaje adulador hacia el periodismo del que intentaré escapar para aportar mis reflexiones sinceras tras casi quince años de actividad en la primera línea de la actividad política.

Probablemente, con unas u otras palabras, todos nosotros definiremos las relaciones entre políticos y periodistas como complicadas, necesarias, cálidas, tensas, interesadas y fundamentales en un sistema democrático.

El indudable interés de este asunto lo demuestra la existencia de una abundante literatura científica en torno a él, pero lo que en mi opinión lo convierte en apasionante es el hecho de que afecta a dos fenómenos, la política y la comunicación, que afrontan una etapa de inexorables cambios.

Tras una fase inicial en la que la democracia se sustentaba en el parlamentarismo y en la que los periodistas más reconocidos eran los cronistas parlamentarios, se pasó a lo que vino a denominarse “parlamento de papel” que ha desembocado en el actual “parlamentarismo mediático” en el que, reconozcámoslo, el verdadero juego democrático se desarrolla en los medios de comunicación, y no en los salones de plenos a los que las decisiones llegan previamente negociadas.

Es por lo tanto en los medios de comunicación donde los políticos nos la jugamos e, incluso, cuando preparamos un discurso en nuestros ayuntamientos y parlamentos lo que más nos preocupa es su reflejo mediático. Nos guste o no, la política actual es una política de titulares y de “pildorazos” informativos.

Quienes desde la actividad profesional desembarcamos un día en la política y hemos tenido la responsabilidad de gestionar gobiernos autonómicos o municipales aprendimos muy pronto que las cosas no son como son, sino como parecen, y casi siempre a base de palos descubrimos que no bastaba con el trabajo inagotable, la eficacia, la seriedad, la honradez, el rigor o incluso el sentido común. Todo eso de nada vale si no se transmite adecuadamente, si no traspasa con fluidez el filtro de unos periodistas que de esta manera han alcanzado una creciente intervención en las decisiones políticas.

Periodistas y políticos, políticos y periodistas, hemos confluido en un mismo espacio en el que no podemos subsistir unos sin otros, en el que utilizamos unos mismos códigos y en el que mantenemos unas complejas relaciones personales que necesariamente deben ser cálidas y respetuosas pero sobre las que aletea siempre la tentación de manipularnos mutuamente. Un político que empieza necesita tanto el “hueco” en los medios de comunicación como un periodista con ambiciones las filtraciones o meras confirmaciones del político como fuente de información.

Hemos creado así un mundo bastante cerrado en el que muchas veces los políticos lanzamos nuestros mensajes pensando en los periodistas y en el que los periodistas escriben o hablan pensando en los políticos. Creo que un encuentro como el de hoy es una oportunidad para hacer un ejercicio de humildad y reconocer que quizás nos estemos olvidando de quienes debieran ser nuestros verdaderos receptores: los ciudadanos.

Algo estaremos haciendo mal cuando las encuestas sociológicas indican un creciente desprestigio de políticos y periodistas entre la ciudadanía. Puede que, sin quererlo, hayamos creado una especie de casta alejada de la gente de la calle, de sus verdaderos intereses y problemas. Y ya que hablamos de humildad, me parece que un ejercicio muy interesante, que todas las mañanas tendríamos que hacer unos y otros, es el de visitar las listas de los temas que más interesan a los lectores de prensa digital, porque las informaciones políticas, tal y como las protagonizamos unos y las enfocáis los otros, casi nunca figuran en esos “ránkings”.

Por eso he dicho anteriormente que el análisis de la situación actual es “interesante” pero que la prospección de los cambios que nos van a afectar es “apasionante”. Estoy convencida de que en el campo que yo represento, el de la política, las cosas van a tener que cambiar, y mucho, en los próximos años. Esta crisis que atravesamos no es solo una grave crisis económica que inevitablemente nos obligará a gobernar de otras maneras, sino que coincide con cambios sociales y culturales acelerados y muy profundos que ya alteran nuestro día a día. El desencanto de la ciudadanía ante el “rifi-rafe” hueco y estéril de los dos partidos mayoritarios en España, el “y tú más”, la interminable espiral de descalificaciones y la falta de posturas coherentes y enérgicas ante la corrupción, no puede ser ignorado por más tiempo.

Opino también que habría que replantearse los procedimientos parlamentarios y hasta su liturgia si queremos evitar que las cámaras legislativas sigan trabajando a espaldas del pueblo. Tendremos que reflexionar sobre el hecho de que es precisamente ahora, cuando la ciudadanía puede seguir los plenos y las comisiones en directo a través de televisión o Internet, es cuando menos prestigio tiene la clase política. Quizás sin ese filtro de los periodistas al que me he referido antes es cuando más crudamente quedan reflejadas las carencias de algunas personas que no dan la talla suficiente. Sinceramente, soy partidaria de contar con representantes políticos bien formados y que estudien a fondo los asuntos, en vez de personajes volcados al uso del “Twiter”, una nueva herramienta que no hace sino profundizar en una política cada vez más superficial.

Es otro tema que apunto para el coloquio, y es que a la clase política se nos abren nuevas posibilidades con los nuevos canales que nos permiten comunicarnos directamente con la ciudadanía sin la intermediación de los profesionales de la información.

Por su parte, los medios de comunicación están atravesando la tormenta perfecta, puesto que a la crisis económica y sociológica citada se une una verdadera revolución tecnológica que les afecta muy directamente. Internet ha venido para quedarse, y lo ha cambiado casi todo, también al periodismo. Es posible que cuaje ese fenómeno nuevo denominado “periodismo ciudadano” y que las redes sociales también alteren nuestra manera de conocer lo que sucede. Pero estoy plenamente convencida de que el papel de los periodistas profesionales y bien formados (la formación, una vez más) seguirá siendo fundamental. Los periodistas deberán ser quienes contextualicen las noticias que a ritmo de vértigo nos invaden y se va dejando paso a otras. Su labor de análisis en profundidad y de selección de lo verdaderamente importante seguirá siendo fundamental entre el enorme ruido informativo, o más bien des-informativo que, cada vez más, nos abruma.

Los buenos periodistas seguiréis siendo los guardagujas de lo que es noticia y lo que no. Por eso, me atrevo a solicitaros la mayor profesionalidad y rigor posibles para conseguir algo tan difícil como que lo importante prime sobre lo interesante. Muchas gracias.

Yolanda Barcina
Presidenta y candidata de UPN al Gobierno de Navarra