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Legalización Batasuna-ETA

A día de hoy todavía no sabemos con seguridad si Batasuna-ETA se presentará o no a las próximas elecciones, pero lo que sí está claro es que todos nosotros estamos contribuyendo a su campaña electoral entrando en su juego estratégico y dándoles muchísima difusión a cada uno de sus movimientos. ¿Cuántos partidos políticos no querrían para sí una publicidad semejante?

Todavía no sabemos si la nueva formación que están gestando será o no legal, pero a la presentación de sus estatutos en el Palacio de Congresos y de la Música de Bilbao han asistido cerca de 500 personas del mundo político, institucional, social y sindical de Euskadi. Hay que reconocer que son unos verdaderos expertos en comunicación, siempre lo han sido, y manejan muy bien los mensajes y los tiempos. En este caso, están demostrando que tienen toda una “estrategia de comunicación” perfectamente diseñada dosificando la información a su antojo. Un día presentan los estatutos y copan las portadas de todos los medios, al día siguiente lo mismo pero ante el Ministerio del Interior y, por último, otro titular para darnos el nuevo nombre del partido que aglutina lo que ellos se empeñan en llamar “izquierda abertzale” y lo que nosotros ya sabemos que no es otra cosa que Batasuna-Eta.

Bueno, pues a pesar de su pericia y su buen hacer mediático, debemos tratar de desenmascararlos para evitar que nos vuelvan a tomar el pelo y lleguen a ocupar las concejalías de nuestros pueblos como si nada de lo ocurrido estos cincuenta años hubiera pasado.

Hoy el responsable de presentar los estatutos de este nuevo partido no era un anónimo, es un histórico miembro de Batasuna-Eta, Rufino Etxeberría, quien ya hizo de interlocutor en el anterior proceso de paz y ahora intenta de nuevo colarle un gol al gobierno. Yo he perdido la cuenta de las diferentes siglas que han utilizado desde el nacimiento de Herri Batasuna en 1978, pero hay quienes dicen que con la nueva sigla que se denominen hoy, serán ya catorce las que ha utilizado ETA para sus distintas formaciones políticas.

Es cierto que esta vez presentan novedades en su funcionamiento interno admitiendo la afiliación al nuevo partido y también es cierto que por primera vez realizan una mención expresa en sus estatutos a la violencia de ETA. Pero lo hacen claramente para cumplir el trámite exigido por la Ley de Partidos que les obliga a condenar la violencia. Si de verdad hubiese un cambio en sus convicciones, no tendrían inconveniente en añadir a esta condena una mención expresa al sufrimiento causado en todos estos años, pero no lo han hecho. ¿Es tan difícil decir que rechazan y repudian esas acciones? Yo no pido ni que pidan perdón por ello, sólo que repasen su historia, que reconozcan sus errores y que asuman su responsabilidad.

Me parece muy bien que pongan en marcha un nuevo partido que pretende ser democrático, pero tendrán que dar muestras de que su rechazo a la violencia no responde sólo a un trámite para cumplir el expediente de la Ley de Partidos, y deberán ganarse la confianza de los demócratas. Lo que hasta ahora hemos visto son las mismas caras y los mismos gestos de siempre, es decir, “los mismos perros con distinto collar”, y a mí al menos ya no me engañan. Espero que tampoco le engañen al Gobierno.