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#cafeolé

Las llamadas “crónicas de sociedad” tenían a bien reflejar eventos tales como  los de traer a alguien al mundo, establecer un compromiso o un proyecto de vida en común o incluso, en el peor de los supuestos, contar que alguien había “dejado de fumar”… (esto último, más propio de obituarios –“¡qué bueno que era!”-). Hoy os pretendo contar algo muy sencillo, no solemne pero para mí importante, que sucedió el lunes pasado.

Alguien pensará que –como político que soy- quiero llevar el agua a algún cantillo y pretendo daros la plasta con un Tea Party o algo así. Pues no. De lo que voy a hablaros no es de té, sino de café. Y para ser más explícito, de #cafeolé.

Hace más o menos tiempo que muchas personas y entidades intentamos estar en lo del 2.0. Esto del 2.0 le sonará a alguno a partido de Osasuna (en casa); pero eso será a alguien que no me lea a través de la red. Porque, amigo, si has llegado hasta aquí por Internet seguro que sabes a qué me refiero.

El asunto es que en el mundo twitteral en que vivimos, un grupo de personas diverso y abierto (aquí uno puede asomarse o… entrar hasta la cocina, y de aquí se puede salir con toda paz) hemos decidido “seguirnos” unos a otros. Enredados en las nuevas tecnologías, intercambiamos informaciones, opiniones, comentarios, fotografías, enlaces, etc. El etcétera lo dejo para que quienes sabéis más que yo de todas estas cosas lo completéis. Que uno no tiene la culpa de haber nacido a principios de los sesenta.

Un grupo diverso y divertido

Cuando digo lo de grupo diverso es porque en la red universal uno a veces busca, otras descubre y otras hasta se tropieza con todo tipo de personas de los más insospechados lugares y procedencias: sin ir más lejos –sin ir más lejos he dicho- con alguien de Orvina; o de Berriozar; o de…

El caso es que en el grupo virtual, tonteando, tonteando, debatiendo, debatiendo, un día pensamos que podíamos dar un paso más –para conocernos mejor-. Alguien pensó que de darle a la tecla había que pasar a darle a la jarra (sin pasarse) y quedar a echar unas birras. Pero, muy respetuosos ellos, y sabiendo que estábamos políticos –y hasta taxistas: o sea, profesionales al volante- de por medio en vez de quedar para echar unas cañas lo del café era políticamente más correcto. Lo del olé, creo, se lo añadió al #café un tuitero gitano con tó er salero. Así que nuestro hashtag fue seguido del cafeolé.

Quedamos en vernos en el Bosquecillo. Como Caperucita y el lobo, pero para pasarlo bien. Y dicho y hecho.

No hará falta indicar que, cuando nos reconocimos “desvirtualizados”, aquello fue sobre ruedas (y no sólo para los taxistas). Hablamos de hijos (y hasta de una próxima hija de algún primíparo). Uno de los tuiteros, incluso, vino, silleta y chupete en mano, conciliando: con su peque. Mientras el niño bebía agua (y bautizaba la reunión: hubo que sacar hasta la fregona), otros u otras le daban al zumo, a la cañita…y hasta alguno (¡qué ortodoxo!) se tomaba un café, que era –presuntamente- la excusa que nos había servido de cita.

Hablamos, además de de las familias, también de trabajo, de nuevas tecnologías, de aficiones…Algunos hasta de filatelia (aunque pueda sonar raro para los que ya prácticamente sólo nos comunicamos por email o DM). Hablamos de nuestros amigos, de proyectos… Fue una buena experiencia.

Alguien dirá que qué puñetas hace un político ocupando un espacio de la web de su partido para contar estas cosas. Pero es que los políticos no somos extraterrestres (aunque a veces alguno –no miro a nadie- pueda parecerlo). Tenemos ilusiones, aficiones, problemas, familias, compañeros y hasta amigos. Incluso, por más que pueda sorprender, incluso repito, amigos en el mismo partido. Y ahí es a donde quería ir a parar: a la amistad.

Las nuevas tecnologías nos conectan

Las nuevas tecnologías están ahí, como el inglés. Y sirven: No para decir “my tailor is rich”, que ya no sé si hay rich tailors. Son muy útiles para comunicarnos.  No es que sean una herramienta laboral, que indudablemente lo son. Son indispensables (y lo van a ser cada vez más) incluso como herramienta social: Para hablar unos con otros y escucharnos. Para acercarnos. Para conocernos. Para entendernos mejor.  Y todo esto es muy importante en esta macedonia de frutas que es la vida: la información, el debate, el rumor, el comentario, el chiste, el análisis, la crítica constructiva, la sugerencia…  Todo esto nos ayuda a los políticos a vivir con los pies sobre el suelo y fuera de cualquier burbuja.

Tus conocidos, pero sobre todo tus amigos, tus verdaderos amigos, no pueden decirte –porque no es verdad, al menos en mi caso- que qué rubio eres, o qué ojos más azules tienes. Los amigos de verdad están para apoyarte cuando lo necesitas y para darte un meneo –virtual, a ser posible- cuando creen que eso te va a ayudar. Lo demás pueden ser halagadores, aduladores y hasta pelotas que esos –a poco que te descuides- pueden llevarte al precipicio. Y, además, si te caes…si te he visto no me acuerdo.

En fin, acabo ya. Dentro de diez minutos tengo que entrar a una reunión de la Mancomunidad a intentar gestionar lo mejor posible los intereses de nuestros vecinos (y vecinas). Que lo del #cafeolé ha sido un acierto. Que habrá sucesivas ediciones, tan abiertas, plurales y agradables como la primera. Que aspiramos a ampliar nuestros círculos con nuevas personas, con nuevas incorporaciones. Eso sí, algunos tendremos, je, je, la satisfacción de haber sido “socios-fundadores” de esta iniciativa… ;-))

Por cierto, ¡la próxima vez, las cañas (perdón, los cafés) a escote, a es-co-te!, que es lo que marcan los estatutos y pa tonto no hace falta estudiar…#cafeolé y vuelta al ruedo!

¡Sois unos castas!