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¡Me niego!

Acabo de leer no con cierto grado de estupefacción que la Consejería para la Igualdad y el Bienestar Social está valorando el núcleo familiar de un bebé recién nacido para ver si este puede permanecer con su familia y si no es necesario aplicar ninguna medida de protección del tipo “retirada de la tutela” ; desde que he leído la noticia me pregunto qué tutela es la que podría retirarse: la del bebé, la de la madre de la criatura o la de los dos.

La pregunta me la hago porque la madre en cuestión tiene ¡10 años! Del padre lo único que se dice es que también es menor (sólo faltaba que no lo fuese y directamente el infarto está asegurado). Y que no me vengan algunos diciendo que esto es normal y que la sociedad es cambiante y bla, bla, bla… Porque no, no es normal. Me niego a creer que esto es normalidad.

Me niego a creer que defendamos que en los textos se escriba todo en masculino y femenino porque eso es igualdad. Me niego a creer que una niña de 16 años es suficientemente madura para decidir sobre el futuro que quiere dar o no a su hijo nonato sin consultarlo siquiera con sus padres. Me niego a creer que normalicemos el uso de la “píldora del día después” como método anticonceptivo dispensado sin receta sin pensar en las consecuencias que esto va a traer sobre miles de adolescentes que lo verán como solución fácil a sus inconscientes actos.

Me niego a creerlo, pero es lo que hay y me rebela sobremanera. No puedo evitar hacer “mala sangre” Señores, tiene narices que mientras algunos parlamentos se empeñan en prohibir las corridas de toros en aras a la protección de los animales, no seamos en absoluto capaces de proteger el desarrollo normal de los niños. Porque una niña de 10 años debería estar jugando y disfrutando del aprendizaje y no me la veo ejerciendo de madre, qué quieren que les diga.