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¡Un pan, por favor!

“¡Buenos días!: Un pan, por favor!”. Ésa ha sido mi frase cuando he entrado a la panadería y me ha tocado el turno.

La cara con la que se me ha quedado mirando la dependienta ha sido de traca. Me ha mirado como con pena. “¿Un pan dice?”. “Sí, por favor”, le contesto.

“¿Campesina yodada o campesina normal? ¿baguette acaso? ¿O de doble fermentación? Espere… ¿igual prefiere pan de cebolla o de pasas? ¿O le gusta más el bastón? ¿Con gluten o sin él? ¿Pan de olivas negras? ¿Pan del Reyno? ¿Pan de manzana? ¿De leña, semillas, vienesa, integral, chapata, hogaza, con cereales, con fibra, rústico, de ajo, de nueces o payés? ¿o quiere pan de molde? ¿con corteza o sin ella? ¡También tenemos pan tostado!… Porque ¿quiere una entera, verdad? Se lo digo porque también vendemos medias o panecillos”.

“Perdone”, le digo, “sólo pretendo untar un huevo frito o en todo caso hacerme un bocadillo de jamón”. ¡¡Sólo quiero pan!!, pienso en mi interior.

“Ah!, entonces una barra normal”, sentencia la dependienta.

“Sí, sí, por favor”, le contesto yo viendo pronto el final de mi compra.

“Tenga usted”, me dice la señorita entregándome el preciado tesoro.

“Muchas gracias, muy amable”, contesto tras pagarle.

“Adiós, señor”, se despide muy amable la dependienta.

“Adiós, adiós”… ¡Uff, por fin tengo un pan…!

Moraleja: ¿No será mejor dejar de complicarnos tanto las cosas y vivir con más normalidad?

¡Hasta la semana que viene!