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Intervención del diputado de UPN, Carlos Salvador, en el debate sobre Afganistán

(UPN/15.09.10)

Sr. Presidente, Señorías. No arriesgo mucho Sr. Presidente lo sé, si afirmo que ninguno de los presentes, ninguno, desea que nuestra nación participe en ninguna guerra, o conflicto bélico, jamás.

Pero tampoco sería muy responsable por nuestra parte (o la suya) negar, que España participa -de hecho y de derecho- con fuerzas armadas, junto con otros muchos países, en complejas operaciones militares con el objetivo de garantizar la paz y la seguridad en el mundo entero.

Y lo hace, porque entre otras cosas el mundo que queremos defender, o construir, está, lo queramos o no, seriamente amenazado por muy diversos movimientos terroristas que poseen (algunos de ellos) hoy una capacidad infinita de provocar dolor y muerte.

Hoy sigue plenamente de actualidad, aquél: “Si vis pacem, para bellum”

En todo caso, permítame TRES/CUATRO comentarios:

Primero: Si enviamos Sr. Presidente a nuestros mejores hombres allí donde se puede ocultar el corazón de la bestia que nos amenaza, debemos tener absolutamente claro porqué los enviamos allí y para qué. Las familias de los militares españoles se merecen nuestro respeto y admiración por el trabajo que realizan en zonas de conflicto (de guerra), pero también nos exigen y necesitan una explicación creíble del sentido final y último del riesgo y sacrificio que asumen sus hijos.

Segundo: No conviene dudar, ni discutir a todas horas, y mucho menos poner en entredicho  constantemente el sentido de nuestra participación en las operaciones bélicas en las que participamos: Primero: por respeto a los españoles que se juegan la vida, allí. Segundo: por responsabilidad con las misiones que en cada caso aceptamos. Tercero, por solidaridad con los países y tropas que, ¡como nosotros!, también se la juegan en zonas de conflicto como Afganistán; y Cuarto: porque la desunión política interna en este asunto, nos hace más débiles como país. Mucho más débiles. Y también más débiles a ellos, a los que en definitiva nos representan y se juegan la vida en estas zonas. No tenga duda de que nuestras pequeñas miserias de salón les desmoralizan cuando no les avergüenzan.

Tercero: Si efectivamente la paz y la seguridad internacional están amenazas, sus enemigos lo son para todos nosotros. No estamos ante un tema menor. Y por ello, fíjese, tenemos que obligarnos a sacar del debate político coyuntural, esta materia. El gobierno debe actuar con claridad y transparencia y la oposición corresponder con lealtad y complicidad.

Si no fuéramos Sr. Presidente, capaces de encontrar un espacio para la colaboración y la unidad entre todos, cuando el enemigo está delante de nuestras narices, difícilmente seremos capaces ¡no digo ya de vencerlo! sino de enfrentarnos a él con un mínimo de garantía de éxito.

Cuarto: Más allá de nuestras propias contradicciones (sobre el modelo de sociedad que defendemos y creemos), sería bueno dejar a un lado algunos complejos a la hora de defender nuestra existencia y nuestro futuro como civilización, con fuerzas militares, si la realidad lo requiere. Sobre todo cuando se confirma que, el mundo cada día se hace más convulso, que no vivimos en jauja, y que nuestras calles pueden convertirse, si no las cuidamos, en “los vientres fértiles que parirán los futuros héroes” como reclama Al Qaida.

Para terminar, Sr. Presidente:

no renunciamos a realizar críticas puntuales ante decisiones del Gobierno o del Ministerio de Defensa que no nos gusten,

– sí quisiéramos recibir más información sobre las decisiones que estas misiones requieren,

– y obviamente, no dude que mi partido, ejercerá su responsabilidad, desde la oposición, colaborando lealmente con su Gobierno en esta materia.

Muchas Gracias