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Paradojas taurinas

Por cuestiones del destino, coincidí durante una estancia familiar en Barcelona con la votación en el Parlamento de Cataluña sobre la iniciativa de prohibir las corridas de toros en todo el territorio catalán, que ha generado una gran polémica y controversia en toda España, también en la propia Cataluña, tal y como pude comprobar en comentarios de la gente.

Una vez más se han producido esas paradojas absurdas que a veces se dan en la política, ya que esta iniciativa popular que se presentó en el Parlamento Catalán denunciaba la tortura animal que sufrían los toros de lidia y no que representara un sentimiento españolista. Sólo se recogía la tortura sobre una especia animal destinada desde su nacimiento y crecimiento en las dehesas al arte de la tauromaquia, al encuentro entre el toro y el torero entre chicuelinas, verónicas, quites y pases de pecho donde se premia el arte del torero pero también donde el toro puede llegar a ser indultado por su bravura, nobleza o casta.

La paradoja está en que, una vez más, aprovechando que el Pisuerga pasaba por Valladolid, desde el entorno nacionalista catalán se vio la oportunidad de prohibir las celebraciones de corridas de toros en Cataluña. Así, de golpe y porrazo se cargaban algo que huele a español al ser reconocidas popularmente como “fiesta nacional”.

Si realmente les hubiera preocupado la tortura animal seguro que hubieran legislado, por ejemplo, para que las corridas de toros se celebraran sin muerte, como pasa en Portugal, sin cercenar o coartar la libertad de sus ciudadanos que quieren disfrutar de las corridas de toros o de aquellos chavales catalanes que en la escuela taurina de Cataluña aprenden y sueñan cos ser algún día toreros.

Otra paradoja sería que el Congreso de los Diputados o el Senado aprobara una ley para que en España no se puedan celebrar los tradicionales “castells”. Hace pocos días, vi en las noticias que se han producido accidentes que han provocados que los niños que suben a lo alto sufran grabes lesiones o incluso la muerte. Cada uno es libre de jugarse la vida, como el que hace puenting y tiene un fatal accidente, pero quizás en el caso de un menor se pudieran tomar algunas medidas para impedir esas muertes. Aunque creo un error prohibir a nadie participar de una tradición cultural, aun sabiendo que se la juega, o coártale a nadie la libertad de presenciarlo.

Alguien me comentaba al respecto, aún a riesgo de ser otra paradoja, que debería estar prohibido prohibir, salvo que se atente contra la dignidad de las personas o contra la propia vida humana. Ahí queda pues la reflexión para el debate….