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Toros en peligro de extinción

Este verano está siendo el verano de los toros, no de la crisis, ni de la subida del IVA, ni de los 4 millones y medio de parados, etc. Los toros, ese magnífico animal que con su exuberante naturaleza deleita en plazas, calles y ruedos cuando majestuosamente sale al albero, sin ningún miedo al contrario, con una altanería casi chulesca en la que refleja una de las más bellas estampas que puede mostrar un animal.

El esplendor armónico de belleza y fuerza, de furia y garra, de valentía y coraje ante la muerte delante de un torero que con un baile de capote grana y oro despide al toro en una danza sincrónica y que parece ser aprendida por ambos, en unos pases acompasados por el aliento del animal y la arena de la plaza que levanta al tendido.

Pues bien, ante este arte milenario, ante una tradición centenaria en este país, una Comunidad Autónoma llamada Cataluña entiende que se deben eliminar de sus plazas esa dantesca estampa de ver sufrir a un indefenso animal.

Pero, realmente, a aquellos que votaron en el Parlamento catalán  no les importa el animal, ni tan siquiera la fiesta, ni el aficionado, ni la libertad de elegir… simplemente aquellos que en tiempos hablaban y decían que amaban la libertad y que ansiaban una sociedad donde cada cual se pudiera expresar de la manera que considerase oportuna, aquellos que cantaban canciones de Serrat añorando un país sin trabas ni ataduras, estos mismos son los que ahora votan para prohibir las corridas de toros en las plazas catalanas.

Obviamente, sólo esto es entendible en este país si captamos la parte trasera de la propuesta, el fanatismo enfermizo de un nacionalismo anclado en un odio pestilente a todo lo que suene a español. ¿Y que más sabor español que un toro?

En Navarra parece que algunos quieren seguir la estela de los catalanes y ya se ha montado una plataforma, «Aquí también». Pues bien, veremos hasta dónde llega la andadura de este grupo en una  tierra de casta brava de vacas, de encierros, de San Fermín, de fiestas y más fiestas en nuestros pueblos y ciudades, de encierro en la cuesta de Santo Domingo, de corredor ávido de tocar cuerno en la calle Estafeta, de recortadores y aficionados que recorren Navarra en busca de algo tan nuestro como es la vaquilla o el toro. Porque en verano Navarra huele a Fiesta y por lo tanto a toro o a vaquilla.