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Cuando la diversión ya no es tal

Hace unos días, me comentaba una amiga que llevaba un cabreo monumental debido a la “gracia” que se había pegado alguno arrancándole el retrovisor del coche.

Y la verdad, es que después de un rato de conversación no llegamos a ninguna conclusión que nos hiciese ver las bondades o ventajas de este nuevo tipo de diversión que se generaliza cada día más entre los jóvenes y sí, me refiero directamente a los jóvenes porque sinceramente, ¿alguien se imagina a un señor entrado en años pegando patadas a los retrovisores?

Después de aquella conversación, el pasado fin de semana los medios nos informaban del accidente sufrido por un joven de 17 años en Arguedas al chocar con una señal tumbada en el suelo. Las investigaciones posteriores derivaron en que la señal estaba tumbada en la calzada por un acto de gamberrismo puro y duro. Curioso modo este para celebrar la despedida de soltero de un amigo.

Este hábito está más extendido de lo que a muchos nos gustaría y no hay más que preguntar a quien tiene algún tipo de responsabilidad municipal qué es lo que ocurre en sus localidades.

Los ayuntamientos, tratando de evitar o paliar al menos este tipo de actos vandálicos se ven en la obligación de aprobar nuevas ordenanzas municipales y hay quien se empeña en vender que esas ordenanzas no son sino instrumentos recaudatorios. ¿Y dónde está el afán recaudatorio cuando se establece que la sanción económica puede evitarse si se realizan servicios a la comunidad? Nos quejamos y pataleamos porque las sanciones económicas son altas pero no comentamos la segunda parte de la ordenanza. ¿No será que es más cómodo y menos vergonzoso para los gamberros o en el caso de los menores, para los padres de los gamberros pagar y callar?

La diversión para algunos (por suerte minoría) ha pasado a convertirse en gamberrismo y los destrozos porque sí lejos de causar únicamente un daño material pueden traer consecuencias muchísimo más graves. Para muestra un botón.