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Discurso íntegro de Carlos Salvador en el Debate sobre el Estado de la Nación

Sr. Presidente, señorías

Si España fuera el paciente, y nosotros su “equipo médico habitual”, convendrán conmigo en que deberíamos comunicar a los españoles que se mantiene la extrema gravedad de la enfermedad, que el pronóstico sigue siendo reservado, que falta pulso político, y que estamos a la espera de conocer un nuevo tratamiento del equipo medico de fuera que ahora tanto influye en nuestras decisiones.

Porque lo cierto Sr. Presidente, es que la cifra del paro se mantiene constante en límites inaceptables, incluso nos dicen los expertos que tendremos que asumir un aumento aún mayor. Como también persisten, ¡como si no les hubiera afectado la crisis!, el fraude generalizado y la economía sumergida, verdaderos tumores endémicos de nuestro sistema productivo.

La sangre -el dinero que tanto necesita el sistema- no fluye con normalidad como debiera. La falta de confianza en nuestras propias posibilidades es alarmante y la financiación del gasto público, todavía desbocado, frustra la aspiración de un mayor acceso al crédito de PYMES y particulares.

Siguen pendientes las reformas estructurales que, debate tras debate demandamos, y que resultarían muy útiles para asentar las bases de una recuperación más estable.

Es verdad que no todos los síntomas del enfermo han empeorado durante este último año:

– Se mantiene el pacto de colaboración entre constitucionalistas en el País Vasco y Navarra. No así en Cataluña.

– Se dice que se mantendrá, hasta el final, la lucha contra el terror independentista vasco, sin concesiones. Si es así, ojalá, seguimos en el buen camino.

– El sistema financiero español parece que se reestructurará con pragmatismo y que superará los “test de estrés”.

La reforma laboral verá la luz antes incluso del inicio del siguiente período de sesiones. Aunque le advierto que si no es ambiciosa no servirá para crear empleo estable.

– Incluso, puede que vea la luz otro gran acuerdo tan importante como el anterior en materia de energía. Ojalá. Aunque hoy seguimos a oscuras.

Pero Sr. Presidente, también es verdad que algunas constantes vitales se encuentran dañadas de forma preocupante, fíjese:

– Los esfuerzos en Educación no serán suficientes para cumplir unos mínimos estándares europeos, y así cada vez seremos irremediablemente menos competitivos.

Para cambiar el rumbo en educación, usted debería asumir dos principios:

UNO, que donde no hay competencia, se instala la incompetencia.

Y DOS, que si los hijos, son responsabilidad de sus padres. Y los padres asumimos casi todas las obligaciones tenemos que tener también casi todos los derechos, desde luego el derecho a elegir la educación que queramos y creamos mejor para nuestros hijos.

– Por otro lado: ¿Qué me dice del dato de natalidad en nuestro país?. Fíjese que contradicción o no, Sr. Presidente: en la España en la que abortar se ha convertido en un derecho y un gran negocio -más de 135.000 abortos al año-, la natalidad disminuye. ¿Casualidad? Algo estamos haciendo muy mal, muy mal. Y añadido a este problema, Sr. Presidente, debemos también preguntarnos: a este ritmo, ¿quién y cómo se pagarán las pensiones en España?

Con motivo de la conmemoración del día de las víctimas del terrorismo, su Majestad el Rey, desde esta misma tribuna nos pidió buscar la unidad, la determinación  y la solidaridad. Valores que desde UPN también queremos reafirmar al debatir sobre el estado de la nación.

Necesitamos unidad, porque debemos remar coordinados en la misma dirección. La “geometría variable”, Sr. Presidente le ha permitido salvar votaciones in extremis, pero sin un proyecto de país claro y compartido por quienes creen en España, sus propuestas no servirán para superar esta situación.

Necesitamos actuar con determinación, para poner a disposición de una España obligada a reinventarse, nuestros mejores afanes, capacidades y potencial.

Y necesitamos guiarnos por un espíritu de solidaridad que nos obliga a comportarnos con más moralidad, más responsabilidad y más generosidad con los que peor lo están pasando.

Por último, permítame que como navarro también haga una mención al orgullo que la inmensa mayoría de los españoles hemos sentido por el ejemplo que nuestra selección nacional de futbol ha dado al mundo y que sobre todo nos ha dado a nosotros mismos.

Ellos representan valores: conocimiento, profesionalidad en la competición; un proyecto claro, una gestión responsable y eficaz; sacrificio personal, trabajo, orden, disciplina, esfuerzo, unidad, cooperación, concordia, fe y corazón. Eso es lo que representa más o menos nuestra bandera Sr. Presidente. Eso es patriotismo de bandera, aunque a usted no le convenza. Pero así lo ha entendido el pueblo español, que ha inundado las calles con nuestra bandera sin ningún tipo de complejos. Con orgullo. Como debe ser.

Es un símbolo que nuestros deportistas (catalanes, extremeños, madrileños, andaluces, vascos, navarros) reaccionaron frente a las dificultades con los mejores valores del pueblo español. Hicieron las cosas bien.

Sea patriota Sr. presidente, haga las cosas bien. Para no tener que repetir las palabras que un día dijera D. Manuel Azaña: “Tarde comencé a ser español”

Muchas gracias