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Yo también quiero

César Antonio Molina, ex ministro socialista de Cultura, declaró que Zapatero «es una persona que no escucha y que sólo se fía de sí misma». Joaquín Leguina, socialista, primer presidente de la Comunidad de Madrid, diputado desde 1996 y hasta 2008, ha declarado, entre otras cosas, que «en la España de Zapatero, cada problema se soluciona con una ley».

Jordi Sevilla, ex ministro socialista de Administraciones Públicas, asegura que «Zapatero no se fía ni de su mujer», y que el principal error de Zapatero fue «negarse a reconocer la crisis» lo que atribuye a que escuchara en su entorno «lo que quería oír». Felipe González hace unos días: «rectificar es de sabios y de necios tener que hacerlo a diario». José Antonio Griñán, presidente socialista de la Junta de Andalucía dirigiéndose al presidente del PP de Andalucía: «El que Zapatero sea malo, no les convierte a ustedes en buenos». Y añadió: «si el decreto-ley de medidas de ajuste del Gobierno no hubiera salido adelante, a lo mejor teníamos elecciones generales y se abría un camino de esperanza para toda la sociedad».

Carlos Solchaga, ex ministro socialista de Industria primero, y de Hacienda después: «Zapatero ha hecho cosas mal y tarde». Jordi Pujol la semana pasada dijo que Zapatero «hace de nuevo rico ignorante». Zapatero hace seis meses en un mitin: «¿Sabéis qué es lo más importante para mí? Que en la salida de la crisis podamos decir dos cosas: ¡una! que salimos todos juntos, y ¡dos! que los derechos sociales y los derechos de los trabajadores no han sido afectados sino reforzados».

Todo ello dicho dando más golpes de cabeza que el perro decorativo de la parte de atrás del coche. Pues yo no voy a ser menos. Quiero decir que Zapatero me parece un incapaz, un perfecto inútil, y un mediocre.