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La radicalización de Nabai, por Yolanda Barcina

El pasado viernes en un hotel de Pamplona se reunieron Aralar y Eusko Alkartasuna -las principales fuerzas políticas del conglomerado de Nabai- y la ilegal ANV. Al término del encuentro, Aralar y EA se mostraron favorables a la posibilidad de alcanzar un acuerdo estratégico con los batasunos, acuerdo que tendría el objetivo de iniciar un proyecto en común como “mejor instrumento de progreso nacional para el conjunto de Euskal Herria”.

Mientras el terror mantiene amenazados a miles de ciudadanos, EA y Aralar, tal y como demostraron en la cita del pasado viernes, han puesto de manifiesto su disposición a bailar el agua a los amigos de ETA. Nabai, la que hace tres años escondía las ikurriñas, insufla aire a una Batasuna y a una ETA que se asfixiaban en su aislamiento.

El descalabro electoral de Eusko Alkartasuna en las pasadas elecciones vascas fue el inicio de su radicalización y acercamiento al mundo batasuno. Aralar, por su parte, a pesar de las amenazas de dejar a Nabai en la estacada, no ha tenido más remedio que tragarse sus ultimátums ante la toma de posiciones radicales en que se ha zambullido EA, y ante la posible presencia de Batasuna en las elecciones, pues le quitaría gran parte de sus votos.

Hace escasos meses, dije que Nabai se estaba radicalizando y que guiñaba el ojo a ANV y Batasuna, lo que me costó un nuevo intento fallido de reprobación en el pleno del Ayuntamiento de Pamplona. Y, sin embargo, ahora, desgraciadamente, ya no es noticia que Nabai se aparte en los acuerdos de condena de los atentados; que se separe de la postura firme de las formaciones como UPN y otros partidos democráticos.

Una vez más, en el último pleno del Ayuntamiento de Pamplona tuvimos ocasión de comprobar como Nabai no quiso rechazar los actos de apoyo a los terroristas de ETA que, sin reparar siquiera en la utilización de menores para tal fin, se han registrado durante las pasadas fiestas de la Chantrea. En tales actos se humilló al gendarme francés asesinado hace apenas dos meses en París y se aclamó a uno de los presuntos etarras que participó en aquel asesinato. Hoy, desgraciadamente, la gran noticia es que uno –sólo uno- de los parlamentarios o concejales de Nabai se atreva a apoyar (en contra del criterio de todos los demás) la Ley Foral de Ayuda a las Víctimas del Terrorismo.

Y mientras EA y Aralar posan y comparten abrazos y risas con los amigos de ETA, por mucho que se refieran a ellos como la “izquierda abertzale” para evitar pronunciar ANV, Batasuna o ETA, los representantes políticos de UPN, PSN y PP seguimos confiando nuestra vida a los guardaespaldas, el miedo impide presentar listas electorales en decenas de localidades, y los empresarios, funcionarios de los cuerpos y fuerzas de seguridad, periodistas y otros colectivos siguen recibiendo amenazas y coacciones.

Debemos estar muy atentos para ver en qué listas se presentan los candidatos del entorno etarra de ANV/Batasuna y evitar así que en las instituciones navarras vuelvan a estar representadas personas que amparan y justifican el uso de la violencia, algo que no ocurre en ningún otro país civilizado y democrático del mundo en pleno siglo XXI. Aunque en las últimas semanas se viene hablando insistentemente de la posibilidad de un nuevo proceso de negociación, esperemos que Zapatero no caiga en esta tentación, pues la experiencia de 50 años de terrorismo, el recuerdo de las casi 850 víctimas y la lección de varias treguas incumplidas nos obliga a ser más que escépticos sobre las intenciones de ETA y su entorno.

Ya no vale la palabrería vacía, las puestas en escena multitudinarias, las manifestaciones grandilocuentes. Nabai, lejos de pactar con los batasunos, debiera exigirles que repudien a ETA, que la condenen, que la exijan abandonar las armas y que pida perdón por el dolor y el terror causado. Hasta entonces, su palabra no tendrá ninguna credibilidad.

Yolanda Barcina, Presidenta de UPN