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Un año histórico para los jóvenes navarros

Sergio Sayas López, Presidente de Juventudes Navarras y Parlamentario Foral de UPN

Todos los países comprendían en ese momento que la juventud es algo más que un estado de la vida, que los jóvenes son ciudadanos como el resto, que usan y demandan los mismos servicios que el resto pero que tienen además problemas, necesidades, demandas e inquietudes que son propias de su edad y que necesitan también de una respuesta por parte de las administraciones públicas.

La educación, el empleo, la vivienda, el ocio, la educación sexual y un largo etcétera son cuestiones propias de la generalidad de cualquier sociedad que, enfocadas desde el punto de vista de los jóvenes, cobran matices diferentes.

Esas particularidades son las que hacen necesarias las políticas de juventud. Es fundamental concienciar a los dirigentes públicos de la importancia que tienen los jóvenes y de que resulta fundamental trabajar por ellos.

Pero el trabajo con los jóvenes no puede hacerse de cualquier manera. Llevamos años viendo a muchos políticos haciéndose la foto con los jóvenes, pero olvidándonos cuando llegaban al poder. Hemos podido ver cómo los programas electorales se quedaban en papel mojado o cómo la demagogia política reducía a efectismo soluciones fantasmagóricas para acabar con problemas como la vivienda o el empleo.

Orientar las políticas hacia los jóvenes, impulsarlas desde el consenso y el diálogo con ellos debe ser la base de cualquier iniciativa que se oriente a la juventud,  porque de lo contrario, si no somos capaces de convertir a sus destinatarios en protagonistas las políticas estarán abocadas al fracaso.

Esto lo hemos entendido muy bien en Navarra. Hemos comprendido que esas peculiaridades de las que hablaba antes necesitan una respuesta de las administraciones públicas.

Por eso, este año el Gobierno de Navarra ha impulsado iniciativas como las becas a los mejores expedientes, la inauguración de la sede del Instituto de la Juventud, la nueva tipología de vivienda, la ampliación del carné joven hasta los 30 años o la puesta en marcha de la maquinaria que elaborará la futura ley de juventud.

Son medidas que abarcan diferentes campos, que son transversales algunas de ellas y que reflejan en su conjunto el compromiso de un partido, UPN, que no olvida a los jóvenes cuando alcanza el poder.

Las medidas puestas en marcha a los largo de estos dos años en materia de juventud han conseguido que esta legislatura pueda ser calificada como histórica.

En tan solo dos años UPN ha cumplido ya todo el programa electoral que presentó a los jóvenes y ha convertido en realidad viejas demandas como el Instituto de la Juventud o lo que pronto será la ley de juventud. La ley de juventud es sin duda el reto más cercano e importante que tenemos todos y va a ser también el reflejo de nuestra manera de trabajar.

Esa ley tiene que nacer desde el diálogo con los jóvenes, desde el trabajo con el Consejo de la Juventud, tiene que dar participación a todos los grupos parlamentarios y a los agentes sociales y, lo más importante, debe ser un instrumento que organice servicios, rentabilice recursos y dé respuesta a las necesidades de los jóvenes.

El Gobierno quiere hacer de esta ley la ley de todos y se ha dado un largo plazo para el debate, pero no es difícil aventurar que siempre habrá quien aproveche la ocasión para hacer demagogia partidista y tirar por la borda una oportunidad de oro.

Es la hora de exigir altura de miras, sensatez y trabajo en común. De lo contrario, quienes pagan el alto coste del oportunismo son los jóvenes.