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La farsa monea

José Ignacio Palacios Zuasti, Ex concejal de Pamplona

Nadie negará que Pamplona y su Comarca están en pleno desarrollo y, como sucede con los jóvenes, cuando las dejas de ver durante un corto espacio de tiempo las encuentras cambiadas, irreconocibles. Para comprobarlo, le invito al lector a que cierre los ojos y trate de recordar cómo era el centro de nuestra ciudad hace tan solo diez años, cuando todavía existían los aparcamientos de superficie en los solares de los antiguos Cuarteles y vea esos mismos espacios ocupados hoy por modernos edificios como el Baluarte, la nueva Estación de Autobuses, El Corte Inglés y la zona verde con la que se ha completado la Vuelta del Castillo. Y esa pujanza se refleja en el hecho de que en poco menos de un mes, y como si aquí no hubiese pasado nada, se han inaugurado los viales de acceso a Lezkairu y Mendillorri, un parque de 34.000 m2 en Buztintxuri y el ascensor que une las calles Eslava y Descalzos con la Rochapea.

Y, si la ciudad evoluciona de forma tan rápida, es lógico que sea necesario tener que hacer algunos cambios en lo que son algunas de nuestras costumbres, con la resistencia y la polémica que ello lleva aparejado. Ahora le ha tocado el turno a las Barracas sanfermineras.

Habrá muchos que piensen que éstas han estado «de siempre» en la explanada de Yangüas y Miranda, porque allá es donde las han visto «toda la vida», sin saber que en ese lugar se han instalado desde 1977 y que antes de llegar allí, en los últimos cien años y a medida que la ciudad ha ido creciendo, ensanchándose y transformándose, han tenido que cambiar de lugar hasta en nueve ocasiones. Sí, primero estuvieron en la explanada de Padre Moret o del Primer Ensanche, de allá pasaron al arranque de Carlos III, junto a la plaza del Castillo, después, al final de esa misma avenida, junto a lo que hoy es Conde de Rodezno, de allí al Rincón de la Aduana, al Bosquecillo, a la Cuesta de la Reina y Antoniutti, a los Glacis de la Vuelta del Castillo paralelos al comienzo de Pío XII, a enfrente de la Casa de Misericordia y, por último, a Yangüas y Miranda porque, como en la farsa monea … de mano en mano van y ninguno se la quea.

Ahora, una vez más, ha llegado el momento de su cambio y para ello el Ayuntamiento les ha buscado un magnífico lugar, en el parque del Runa, cerca del río y de los corrales del Gas, en ese barrio joven y dinámico como es la Rochapea, que gracias al ascensor se ha situado a pocos minutos de la plaza del Castillo y que tan bien comunicado se encuentra con el resto de la ciudad y Comarca.

Espero y confío que el Ayuntamiento y la Asociación de Feriantes lleguen pronto a un acuerdo para que en las ya próximas fiestas (¡ya falta menos!) no nos falten algunas de las atracciones de nuestra Feria y no se rompa la que es una tradición de nuestra ciudad, ya que desde que en 1879 el Ayuntamiento le cedió los derechos de las Barracas y Ferias, la Casa de Misericordia ha contado de forma ininterrumpida con ese canon como una de sus fuentes de ingresos.

A la hora de negociar deben ser conscientes de que la Feria es un elemento más de nuestras Fiestas, pero no es un elemento esencial, pues sin ellas los Sanfermines se celebrarán de igual manera. A quien sostenga lo contrario le invito a que recuerde que no hace muchos años parecía que sin plaza del Castillo no podía haber Fiestas y todos recordamos que nada pasó cuando ésta estuvo vallada por las obras del aparcamiento. Porque la Pamplona de hoy no es como la que nos narraba Ángel María Pascual hace 60 años, ésa en la que después del Pobre de mí todavía quedaban «dos semanas de casetas y circos, columpios, patines y organillos que llenaban la tarde y media noche bajo la luz espectral de los arcos voltáicos antes de volver a la ‘Tetricópolis’ de habitualidad y rutina en la que no ocurría nada». Hoy en día, por el contrario, todo el año se ha convertido en un «finde», «puente» o «fiesta» y, como se han acortado las distancias, en cualquier época se puede disfrutar de atracciones iguales o mejores que las del Real de la Feria en los Parques que tenemos a un tiro piedra. Por eso, que sepan que si al final no llegan a un acuerdo, lo más que podrá suceder es que muchos padres vean aliviados sus bolsillos al contar con un gasto menos.

Soy optimista y espero y deseo que este año podamos disfrutar de las Ferias en el parque del Runa porque, como ya decía la zarzuela: ¡Los tiempos cambian que es una  barbaridad! Y con ellos el emplazamiento de nuestras Barracas.