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El gobierno de las incongruencias

Santiago Cervera Soto, Diputado de UPN y portavoz adjunto del Grupo Popular en el Congreso

Lo que ahora podemos preguntarnos es si en un ejemplo de transparencia similar, no hubiera sido conveniente que Zapatero informara del nombre de sus posibles ministros antes de los comicios. Muy probablemente, algunas cosas hubieran cambiado. El gobierno recién estrenado es un cúmulo de incoherencias y razones para el solivianto. Veamos sólo unos ejemplos.

Lo más llamativo, a tenor de los titulares de prensa, ha sido lo de Carme Chacón. Algunos le achacan su inexperiencia en todo lo que tenga que ver con las Fuerzas Armadas, o que pertenezca a un partido, el PSC, formalmente nacionalista. Ella misma se ha autocalificado como ecopacifista. El problema de Chacón al frente de defensa es principalmente otro. Es una política acostumbrada al efectismo, a actuar como si ella misma fuera la protagonista de una serie de televisión. ¿Cómo va a hacer las cosas al frente del ministerio del ejército, que esencialmente requiere de la discreción y la ponderación? Chacón ha sido, de inicio, bien retribuida en su vanidad con esa foto que ha dado la vuelta al mundo –por algo será- pasando revista a las tropas en su estado de buena esperanza. Miedo da pensar cómo va a seguir nutriendo sus ansias mediáticas de ahora en adelante.

No acaban ahí las incongruencias. Sebastián y Solbes han demostrado sobradamente que no se pueden ni ver, y ahí están, constituyendo una bicefalia al frente de la situación económicamente más compleja que se recuerda en muchos años. Por añadidura, Sebastián se ha comportado como un peligroso muñidor de operaciones empresariales, siempre letales en tiempo de incertidumbre económica. Se crea un ministerio para la Igualdad, cuando la igualdad debería ser una política que afectara a todos los ministerios. Se crea un ministerio de Ciencia y Tecnología –bienvenido sea-  a costa de cercenar ese papel protagonista en materia científica que se nos anunció hace pocos meses que correspondía a Bernat Soria, al que se había presentado como el «ministro científico». Sigue existiendo un ministerio de Vivienda, inútil a tenor de las competencias que le quedan al estado en ese ámbito. Y, otro ejemplo de incongruencia, la política medioambiental a la que tanta retórica presta Zapatero, queda subsumida en un desleído ministerio de Medio Rural.

El problema de tanta frivolidad, de tanto efectismo y de tanta política de cartón piedra es que, una vez más, sirve para el entretenimiento de los lectores de periódico, pero no para solucionar los problemas de la gente. Mientras Chacón da sus primeras órdenes a la tropa, nada se sabe –y parece que nada se quiere saber- de cómo España va a salir del problema económico que por todos lados nos acecha. Esa es la mayor definición del estilo político de Zapatero.

Al tiempo, lo que está pasando en el Partido Popular es lo que razonablemente debe pasar tras unos resultados que no han sido satisfactorios. Rajoy está convencido de que el mayor apoyo que ha cosechado en las elecciones tiene un gran valor, por su dimensión nada desdeñable pero, sobre todo, porque son nuevos votos arañados al socialismo en el espacio del centro. El PSOE, por el contrario, sólo ha podido crecer hacia su izquierda. Rajoy confía en que ése es el camino hacia una futura victoria, aunque tarde en llegar otros cuatro años. Y también sabe, aunque no lo dice, que actualmente su papel moderador y su sentido común es algo de lo que el PP no puede prescindir, mucho menos cuando la estructura del poder de su partido se asienta, cada vez más visiblemente, en determinados gobiernos regionales.