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La antorcha olímpica y el Tíbet

Javier Pomés, Eurodiputado de UPN

Dentro de su esquema político, los casi 30 millones de chinos que viven en Taiwan no tienen legitimidad para estar, ni siquiera como oyentes, en la Organización Mundial de la Salud, perteneciente a la ONU, a pesar de que la lucha contra la gripe aviar pasa de lleno por la antigua isla de Formosa, que visitó nuestro santo patrón.

En el Parlamento Europeo somos muchos los diputados que hemos formado un grupo de amistad con Taiwan, -ahí estoy como vicepresidente-, y otros colegas conforman un grupo de apoyo al Tíbet.

Y ayer, jueves, los parlamentarios europeos aprobamos una moción en la que pedimos a las autoridades chinas que cesen la violencia en Tíbet y que busquen soluciones pacíficas, basadas en el respeto a los derechos humanos, que entendemos debería ser condición previa a que una ciudad pueda organizar los Juegos Olímpicos.

Y pedimos a la UE y a los 27 Estados miembros que busquen una postura común, con la opción de no acudir al evento si no se retoma el diálogo entre las autoridades chinas y el Dalai Lama. Solicitamos, asimismo, una investigación independiente sobre los enfrentamientos.

Algunas democracias occidentales han querido dar más importancia al potencial mercado chino antes que a la defensa de los valores de nuestra civilización. Han preferido el huevo al fuero. La UE, siguiendo el ejemplo de la mayor parte de sus estados miembros, España entre ellos, no tiene relaciones diplomáticas con Taiwan, y su postura respecto al Tíbet sigue los dictados de Pekín, para no perjudicar sus relaciones.

No es un país democrático, pero India, país vecino de un nivel de población también enorme, sí lo es. Luego no cabe decir que la democracia no pudiera funcionar en China. Nepal acaba de celebrar también sus elecciones democráticas. Incluso ya ha llegado la democracia al reino de Bhutan, hasta ahora regido por un monarca absoluto. Bhutan, el reino del Himalaya, no cayó en manos de China, como pasó con Tibet, gracias a la protección de India, y ha comenzado pacíficamente su vida.

La última decisión que tomó el presidente español del COI Juan Antonio Samaranch, antes de dejar el cargo, fue la elección de China como sede de los juegos olímpicos de este año. Muchos pensaron que de esta forma China se abriría a la democracia. Pero sus pronósticos no acertaron. La situación es justo la contraria. China ve que su régimen es más homologable que antes, y que incluso tiene el apoyo internacional para la celebración de sus Juegos.

Pero las cosas están cambiando, a mejor. Angela Merkel comenzó recibiendo al Dalai Lama, líder espiritual de Tíbet, y provocando una gran crisis en las relaciones de  la República Federal con China. Cada día estamos leyendo que nuevos líderes que no estarán en la apertura de los Juegos. Nicolas Sarkozy no irá, Gordon Brown y Angela Merkel tampoco, y seguramente George Bush tampoco lo hará.

Las autoridades de COI están considerando la posibilidad de suspender el recorrido de la antorcha olímpica, tras haber sido apagada la llama a su paso por París, y levantar protestas masivas a lo largo de todo su recorrido.  Las embajadas chinas se llenan de manifestantes en favor del Tíbet.

Acabo por pensar que esta presión internacional está rompiendo el tácito respeto que los mercaderes metidos a estadistas venían desplegando en sus relaciones con China.  Podría ser que al final los Juegos Olímpicos jugaran un buen papel en favor de la mejora de los derechos humanos en China, y del respeto debido al pueblo tibetano y a Taiwan. Pero no será por la decisión de celebrar allí los Juegos, sino
precisamente por la reacción que esa decisión está generando en personas buenas a lo largo de todo el mundo.