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¿Políticos 2.0?

Fermín Alonso Ibarra, Concejal de Participación Ciudadana y Nuevas Tecnologías de Pamplona

Y para conseguirlo cualquier herramienta es buena. Los mítines, los paseos por los mercados y los espacios televisivos no son suficientes y los partidos buscan alternativas. Y no me refiero a ese dirigente socialista de Madrid utilizando los altavoces de un coche de Policía Municipal (pagado por todos sus vecinos) para dar un mitin y criticar a Esperanza Aguirre…

Las nuevas tecnologías suponen, como para casi todo, un sinfín de oportunidades para la actividad política y los partidos han entrado en ellas sabedores de sus posibilidades, aunque con algo más que pequeñas reticencias.

Desde 2004 utilizamos el término Web 2.0 para referirnos a la segunda generación de Internet. Avanzamos hacia una red dominada por los usuarios que ha dejado de ser un canal de una sola dirección, un inmenso mar de información, para convertirse en un canal de doble dirección en el que los usuarios exprimen la capacidad de Internet para gestionar esa información, transformarla y promocionarla de forma social. Hemos pasado del escaparate a la participación real. Es lo que algunos autores han llamado la Era del Micropoder, en la que la fuerza está en los ciudadanos. No es nada nuevo: «la verdad os hará libres», «la información es poder»…  Es sólo un paso más en el que el ciudadano tiene, además de un acceso fácil y barato a la mayor biblioteca de la historia, la capacidad de crear y transformar esa información, agruparla o potenciarla.

Todo esto, sin embargo, ha pillado con el pie cambiado a los partidos políticos. A todos, sin excepción. Algunos han conseguido mantener el equilibrio, otros se han caído y otros, además, se han roto el cruzado de la rodilla. Eso sí, todos venden ser más 2.0 que nadie. 3.0 o hasta 7.0, si hace falta.

Hay pequeños intentos por involucrarse realmente en la Web 2.0, como los blogs que ya pueblan algunas de las páginas electorales. Sin embargo, Rosa Díez y Gaspar Llamazares son los únicos primeros espadas a nivel nacional que escriben uno (quizás porque deben buscar alternativas al escaso peso de sus partidos en los medios tradicionales). Mariano Rajoy tiene su espacio en Facebook, una red social que agrupa a personas de todo el mundo que es uno de los estandartes del 2.0. Sin embargo, no se utilizan todas sus posibilidades y la interesante iniciativa se mantiene a medio camino entre el escaparate y la participación real.

En Navarra la situación es similar. Nafarroa bai vende su campaña como una nueva forma de hacer política, pero lo más novedoso de su página web son unos videos en los que ciudadanos dan su opinión sobre la campaña, cortados y editados por el partido. UCD  y el Partido Comunista ya lo hacían en sus anuncios en la primera campaña electoral de la democracia. El PSN tiene una sección de foros que, al ir a consultarla, no funcionaba. Los candidatos de UPN mantienen un blog en la página web en el que cualquier ciudadano puede comentar sus textos, aplaudirles o criticarles siempre que no haya insultos. Además existe un espacio reservado a dudas o quejas de los ciudadanos que los responsables de cada área del partido responden públicamente a través de ese mismo espacio. Casi 2.0, pero no.

En Estados Unidos, sin embargo van muy por delante. La candidatura de Barack Obama, por ejemplo, funciona como una enorme red social, ya que el aparato del Partido Demócrata comenzó apoyando sin fisuras a Hillary Clinton. De la necesidad se hizo virtud y miles de ciudadanos aportan nuevas iniciativas a la campaña. Una de las más interesantes es el YouBama. Una página similar a Youtube, en la que miles de ciudadanos responden a una pregunta muy simple: ¿Por qué vas a votar a Obama? Lo mejor de la iniciativa es que está lanzada por ciudadanos anónimos, lejos de los corsés de las páginas oficiales. También en EEUU, un profesor de Derecho de la Universidad de Stanford está a punto de presentar su candidatura al Congreso después de que miles de ciudadanos hayan montado espontáneamente plataformas en su apoyo tras leer sus opiniones. Él, que predicaba una nueva forma de hacer política, esta vez de verdad no como NaBai, está a punto de ser arrastrado por una ola que jamás imaginó.

Eso sí es política 2.0 real y absoluta. Micropoder en estado puro y participación ciudadana en su máxima expresión. Es una nueva forma de entender la política, como consecuencia de una nueva forma de organización que crece en la sociedad. Quien lo aproveche encontrará en esta nueva situación una oportunidad única para acercar el ejercicio de su política más cercana a los ciudadanos, de una forma más participativa. Es la única solución frente a la desertificación del tejido social y el agotamiento de las energías utópicas de los que alerta Habermas.