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Comentarios de analistas y expertos en los medios de comunicación

Manuel Pulido Quecedo
Doctor en Derecho Constitucional

La lección que todos deben aprender es que ni con ETA ni sus satélites se puede negociar. El referente proceso irlandés ha sido algo parecido a como un oasis o espejismo inexistente, pues ni ETA ni la izquierda abertzale está en disposición de aceptar la democracia. Duele, pero es así.

¡Ojalá algún día sea posible un acuerdo a la irlandesa!, pero no se olvide que este acuerdo ha consistido en la renuncia del IRA y de su brazo político el Sinn Feinn a la violencia, con entrega del arsenal militar y en la aceptación de las reglas democráticas. En definitiva, en la aceptación del fracaso de la violencia como modo de hacer política.

Las treguas forman parte de la política terrorista de ETA para debilitar al enemigo, el Estado español como dicen, como en más de una ocasión la propia ETA ha declarado. Pertenece al género de los incautos seguir apostando por esta vía de buscar el acuerdo y la negociación política en las condiciones actuales.

Carlos Carnicero
Comentarista político

Tiene José Luis Rodríguez Zapatero un rictus establecido para las grandes declaraciones que simula que las cosas que suceden no tienen que ver con él; aparenta estar ungido por una gracia misteriosa que señalara que el resto de los mortales están encadenados a confiar en él como líder. Y el líder, cada vez, está más desaparecido. La comparecencia del presidente evidencia que no se termina de enterar de con quién está tratando. El problema no es que ETA se equivoque, lo cual, a la vista de su naturaleza criminal no tiene por qué ser una mala noticia, sino que se equivoque el presidente del Gobierno en la conducción de lo que se ha venido en llamar "proceso de paz". Y la primera condición para recuperar el crédito y la confianza de la ciudadanía es un pequeño ejercicio de autocrítica.

La política no es una cadena de montaje en la que los elementos se ensamblan conforme llegan al puesto de trabajo. Ahora reclama el presidente el apoyo de todos los grupos, pero no termina de definir qué es lo que propone, porque sigue insistiendo en la paz como un concepto pastoril que pudiera alcanzarse en diálogo con personas respetables y no conceptualizada como una victoria de la democracia sobre el terrorismo.

Florencio Domínguez
Doctor en Ciencias de la Información y experto en temas de Seguridad y Terrorismo

El Gobierno ha jugado a negociar, a ceder un poco, pero no todo, a reconocer a Batasuna como interlocutor, pero sin legalizarla directamente, a permitir la presencia de la izquierda abertzale disfrazada en las elecciones, pero sólo en la mitad de los municipios y no en el Parlamento de Navarra. Pero ETA juega al todo o nada. Celebra haber recuperado la presencia en los ayuntamientos locales, pero no lo agradece sino que le echa en cara al Ejecutivo que no le haya permitido presentarse en la otra mitad.

Como gesto de buena voluntad y para «engrasar» el proceso el Gobierno ha hecho concesiones irreversibles, como la de permitir la vuelta de Batasuna a los ayuntamientos, sin haber obtenido nada a cambio. Ha sido un regalo gratuito que no ha servido para frenar a los terroristas. Acercar presos, con lo polémico que hubiera sido, era una medida reversible porque los reclusos se podían volver a alejar al volver los atentados. Pero eso es lo que hizo el PP y el Gobierno no ha querido imitarle, prefirió hacer sus propias concesiones.

María Caballero Martínez
hija de Tomás Caballero, asesinado por ETA

Mi mensaje no es para Zabaleta sino para los socialistas que estos días barajan un posible pacto con él y con sus compañeros de coalición. Son ellos quienes realmente van a decidir el futuro de Navarra y de Pamplona, por mucho que intenten desviar la responsabilidad hacia Nafarroa Bai y digan que es Uxue Barkos quien se va a beneficiar de los votos de ANV. Hay entre esos socialistas hombres y mujeres con los que he vivido momentos muy duros y muy difíciles. Hemos compartido reuniones, proyectos y pancartas (una de ellas, por cierto, contra el nacionalismo obligatorio). Algunos nos arroparon a mis hermanos y a mí cuando los asesinos de mi padre fueron juzgados en la Audiencia Nacional, y siempre les estaré agradecida. Entiendo que la posibilidad de gobernar es atractiva, pero me atrevería a recordarles que no deberían hacerlo a cualquier precio. Me cuesta creer que es mayor el resentimiento que albergan hacia UPN que el que sienten por ANV o Nafarroa Bai. Es un hecho que cada partido tiene su estrategia y que las decisiones que toma una ejecutiva a veces no son unánimes. Pero, al final, todos somos dueños de nuestros actos. Por eso apelo a los socialistas que estos días deciden su futuro y el nuestro: para que lo hagan atendiendo a sus principios, a su historia, y también a los principios y a la historia de quienes han sido asesinados.

Editorial de Diario de Navarra
Miércoles 6 de junio de 2007

Rodríguez Zapatero, pese a lecciones y advertencias de sus predecesores, hizo de esta apuesta el eje de toda su acción de gobierno, con un giro fundamental: cuando él llegó a la Moncloa, el Estado buscaba el fin de ETA por la derrota, y él cambió derrota por negociación.

A lo largo de 440 día que ha durado este proceso la actuación de Gobierno ha sido, cuando menos, incomprensible. Pese a las promesas iniciales, no ha habido explicaciones, ni siquiera cuando ETA rompió la tregua el 30 de diciembre. El silencio ha ido unido a la terca negación de evidencias estruendosas, como la extorsión, el acopio de armas, la reestructuración de "comandos", conocida por la policía francesa. Hoy, a diferencia de hace tres años, la banda está más fuerte, ha vuelto a meter su brazo político en ayuntamientos y organismos públicos, tiene más dinero e información y ha cobrado más protagonismo, a costa del evidente desgaste de las fuerzas de seguridad e instituciones como la Fiscalía General.

A pesar del nuevo fracaso, cimentado en la marginación del principal grupo de la oposición y en el abandono del Pacto Antiterrorista, la mejor respuesta a ETA no es el reproche sino la vuelta a la unidad democrática, como ayer recomendaba el presidente en funciones Miguel Sanz.