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A rebufo de ETA

Jaime Ignacio del Burgo, diputado de UPN

Por eso, no me extraña en absoluto que ETA haya puesto sobre la mesa la cuestión de la territorialidad que, dicho en román paladino, es una manera cursi y alambicada de decir «Nafarroa Euskadi o Euskal Herria da». ETA, pues, no se ha movido un ápice, está donde estaba.Conviene recordar que el llamado «contencioso Navarra-Euskadi» se planteó en toda su crudeza en los años de la transición a la democracia.

«Llevaremos la guerra política a Navarra hasta doblegar su voluntad». De esta frase, propia de un demócrata de toda la vida, tiene todos los derechos de autor Xabier Arzallus. Pero Navarra supo resistir la OPA hostil del nacionalismo. Por gran mayoría, el pueblo navarro refrendó la Constitución de 1978, eligió en 1979 un Parlamento democrático que, en 1982, optó por olvidarse de Euzkadi para proceder al «amejoramiento» de nuestro Fuero y convertir a Navarra en la comunidad española que hasta ahora ha disfrutado de mayor nivel de autonomía.

Los nacionalistas perdieron su «guerra política» y Navarra siguió su camino. Hemos disfrutado de un largo período de estabilidad y de progreso económico y social sin precedentes. No nos equivocábamos. El Fuero es libertad e instrumento de bienestar social. A pesar de algunos bochornosos episodios de corrupción. Desde la suspensión de actividades declarada por la banda terrorista todo parece estar desquiciado. Los nacionalistas «moderados» han visto renacer su esperanza y se aprestan a lanzar un nuevo asalto. Han aceptado esconder el nombre de Euzkadi, inventado por Sabino Arana, para asumir el de Euskal Herria, acuñado por ETA para definir la nación que nunca existió y, peor aún, tratar de construirla contra la voluntad de la mayor parte de sus hipotéticos ciudadanos.

El llamado alto el fuego ha vuelto locuaces a los nacionalistas «moderados». No paran de hablar y de elucubrar sobre «mesas de partidos», nuevos «marcos» o «estatus» políticos, autodeterminación o «derecho a decidir» del pueblo vasco, amnistía. Como en Navarra pinchan en hueso y la Constitución prohíbe que seamos vendidos en pública subasta, miran al proceso irlandés y acarician fórmulas confederales o de asociación encubierta para camuflar la integración en Euzkadi. Una y otra vez repiten la misma cantinela: «Navarra será lo que quieran los navarros», que suena bien pero que en su boca y en este contexto viene a ser como si desde hace treinta años tuviéramos pendiente la asignatura de Euskal Herria. Y eso sí, nos dicen, disfrutaremos de paz siempre que nos avengamos a reconocer que somos uno de los siete territorios integrantes de Euskal Herria, cuya «partición» política es fruto de la opresión franco-española, como si los descendientes de los indómitos vascones viviéramos desde hace quinientos años sometidos al yugo español y francés. En suma, a rebufo de ETA intentan lograr lo que nunca han conseguido en las urnas.

El propio Zapatero, de cuya claudicación ante ETA tenemos ya más que racionales indicios, ha generado confusión e inquietud con algunas frases equívocas: «Lo que me parece importante es que no forcemos (en cuanto a Navarra) ninguna situación en ninguna dirección». De esta forma, el presidente se sitúa en una posición de neutralidad política incompatible con la postura mantenida hasta ahora por todos sus predecesores en la Moncloa de apoyo inequívoco al actual «status» foral de Navarra. «No incorporemos tensión al debate sobre Navarra», que es tanto como presuponer que, en efecto, la cuestión navarra está en el centro del «proceso».

¿Qué hacer? Lo que hemos hecho siempre desde la instauración de la democracia en España. Reafirmar que la inmensa mayoría de los navarros no estamos dispuestos a certificar la defunción ni de la Constitución ni del Amejoramiento del Fuero. Resistir con las armas de la palabra y la razón en un gran esfuerzo de movilización democrática. Y vencer en las urnas, renovando e incluso «amejorando» -cuando toque- la confianza en el actual Gobierno foral.