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Navarra: ¿Comunidad bilingüe?

La semana pasada un ilustre parlamentario del PSN daba a conocer las propuestas que sobre el euskera tiene previsto plantear en su partido de cara al posicionamiento de su grupo en la Ponencia Lingüística creada en el Parlamento Foral de Navarra.

La crónica periodística le recoge varias frases de las que quisiera destacar estas dos: Navarra «es, aunque sea de un modo propio y diferenciado de otras comunidades, una sociedad bilingüe y esta otra «los poderes públicos tienen la obligación legal de dar pasos para que este bilingüismo perdure, se desarrolle y se extienda por la Comunidad y sin imposiciones.»

Si se trata de defender la perdurabilidad del bilingüismo adelantaríamos mucho si preguntáramos a los políticos por su interés personal en el uso del vascuence. Probablemente llegáramos a la conclusión de que, en la inmensa mayoría de los casos, se pide un esfuerzo y un interés abstracto a la administración y a la ciudadanía por aceptar un bilingüismo que ellos mismos no practican.

¿Y qué puede provocar el desinterés por el estudio de la lengua vasca? No es fácil saber la justificación de cada cual para no desear «normalizarse» en el uso del vascuence pero tal vez sirvan de ayuda estas preguntas: ¿Es cierto que existe un bilingüismo castellano-vascuence?, ¿Es bueno que exista?, ¿A quién y cómo nos beneficia?, ¿Es necesario que exista?, ¿Qué utilidad tiene?, ¿Existen otras alternativas de bilingüismo más útiles?

La universalización del vascuence provoca demasiados interrogantes, por ello si de lo que se trata es de su defensa, lo que no parece de recibo es cargar las tintas sobre su futuro en quienes no lo hablan y van a seguir así. Es tanto como que una empresa culpe del descenso de ventas a sus clientes.

Una sociedad abierta, libre y cambiante como la nuestra, no puede imponer la cultura por la fuerza, por muy nuestra que sea. Saben que pasa, ¡no nos engañemos!, pues que cuando la administración no presiona ni impone un modelo lingüístico determinado, acaba por imponerse la realidad, que no es otra, en nuestro entorno, que el modelo castellano e inglés, aunque esto a algunos no les acaba de convencer o no les parece la mejor alternativa. Ese es otro tema.

Por otro lado la discriminación positiva en este caso, debe responder a algo más que a la voluntad política de que una lengua deba subsistir. Sin duda eso no basta. El portavoz socialista añadía, por último, que en Navarra, por ser una comunidad bilingüe, deberían rotularse las señales viarias en ambas lenguas en toda su geografía. No lo entiendo. ¿Quién es bilingüe la comunidad o cada individuo? ¿Cascante, en donde nadie salvo unos poquitos hablan vascuence, constituye una comunidad bilingüe? Y la pregunta es: ¿Debe de serlo cuando naturalmente no lo es? ¿Y porqué?

Carlos Salvador
Diputado por Navarra