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El final de la lengua ‘nushu’

Hace unos meses el obituario del diario El Mundo recogía el fallecimiento, a los 98 años, de la última mujer del planeta que hablaba la lengua ‘nushu’. Su nombre, Yang Huanyi.

La lengua nushu nace hará 400 años gracias a la iniciativa de mujeres de varias provincias del Sur de China (Hunan y Guangxi) con el objetivo de comunicarse entre ellas, según afirma el periódico, al tener prohibido formalmente el acceso a la educación en aquel tiempo remoto.

Gracias al aprendizaje de esta lengua, de cuyo código escrito se conocen apenas 1.800 caracteres, las pocas mujeres que la compartieron, pudieron -saltándose la prohibición- transmitirse de generación en generación sus aspiraciones, sus sentimientos y sus temores, sin conocimiento de los hombres.

Explicar el porqué de la creación y posterior evolución de esta lengua, permite tambien deducir la razón de su desaparición. Así esta lengua podría haber surgido de ese irrefrenable deseo de saber y comunicarse, o como expresión fiel del ingenio del hombre (en este caso de la mujer), o simplemente como reactivo natural frente a una prohibición cultural injusta impuesta por razón de sexo.

El caso es que, probablemente, con el tiempo, también en el sur de China, los vientos trajeron mayor libertad y quizás, una mayor igualdad de derechos entre hombres y mujeres. Por lo que una vez desterrada la prohibición, dejó de tener sentido la utilización del nushu. Hoy, no existiendo obstáculos para la educación compartida por hombres y mujeres en esa zona de China, es el idioma chino mandarín el que se impone como medio universal de comunicación.

La muerte de Yang Huanyi nos recuerda la lenta pero imparable (?) «selección natural» en el campo lingüístico que vive a diario el planeta. El Ayuntamiento del Valle de Egüés anuncia la apertura de una Escuela de Educación Infantil bilingüe y para saber que segundo idioma implantar, realiza una consulta previa entre todos los padres del Valle con hijos entre cero y tres años que da el siguiente resultado: 114 se decantan por el inglés, 13 por el alemán, 9 por el francés, y 6 por el vascuence.

La lengua, como vehículo de comunicación, no se puede abstraer del fenómeno de la globalización, que prima el consumo de lo útil, lo práctico y lo simple, haciendo estragos sobre la diversidad cultural. Así una nueva Torre de Babel se yergue orgullosa cimentada en un único proyecto de civilización sin oposición aparente. Lo demás es no querer ver lo que nos viene encima.

Carlos Salvador
Diputado por Navarra