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Educar para prevenir la violencia contra la mujer

Cristina Sanz, Concejala de Igualdad y Juventud

La violencia contra la mujer se ha convertido en una de las mayores lacras de la sociedad española y universal. En lo que llevamos de año 57 mujeres han sido asesinadas a manos de sus parejas o ex parejas. Nuestra comunidad no ha sido ajena a esta lacra.

Buscar razones que expliquen tan execrables actos podría entenderse como admitir que los mismos pudieran tener alguna razón de ser o motivo que pueda justificarlos. Nada más lejos de la realidad. Nada ni nadie puede justificar el machismo que en pleno siglo XXI siguen sufriendo muchas mujeres y nadie puede aducir la más mínima razón en el ejercicio de la violencia.

La sociedad entera y con ella los poderes públicos, a la cabeza, debemos jugar un papel no sólo activo en la condena y la repulsa, sino proactivo en el impulso de medidas que prevengan, atajen y erradiquen la dura realidad a la que nos enfrentamos con demasiada reiteración.

El endurecimiento de las leyes, la protección a las víctimas, el cumplimiento íntegro de las penas o la mejora de los recursos humanos, económicos y materiales que se ponen al servicio de las mujeres que sufren la violencia machista, son sin duda logros, hitos me atrevería a decir, de esta sociedad que se muestra beligerante frente a un fenómeno que ni es nuevo, ni por desgracia, fácil de acometer. Pero sólo la educación puede ser la base sólida que nos permita mirar con esperanza hacia el futuro.

Si no educamos en la igualdad real entre mujeres y hombres, entendida como igualdad en su dignidad como personas, como igualdad de oportunidades y basada en el respeto y la libertad, no podremos mirar hacia delante y esperar que el futuro pueda ser más halagüeño.

La familia, por supuesto, y la escuela deben ser pilares claves que eduquen en el respeto a la dignidad de las personas y en la igualdad, pues es precisamente en edades muy tempranas donde con más facilidad se asimilan patrones que a lo largo de la vida tienden a permanecer inalterados.

No solo una ley nos hará erradicar la violencia contra las mujeres. Es necesario además profundizar en el compromiso social que emane de las propias actitudes, sumado a una rebeldía que se niegue a admitir que ninguna mujer tenga que pasar por un calvario semejante. Sólo así se podrá poner con menos dificultad punto y final al machismo que ha imperado y que a fecha de hoy, lamentablemente, aún rige algunos aspectos de la sociedad.

Celebramos hoy el día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer. Ojalá este año fuera el último que tuviéramos que recordarlo, pues eso será que por fin la libertad y la igualdad dejan de ser una aspiración para convertirse en una realidad.