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Prudencia

Javier Marcotegui Ros, vicepresidente 1º del Parlamento de Navarra

Al interesante, aunque deprimente, debate público sobre la actitud de los diputados de UPN con los presupuestos generales de la Administración central del Estado, se han ido añadiendo cuestiones distintas aunque conexas. Ya no se sabe con certeza si se analiza la necesidad de unos acuerdos básicos de los partidos nacionales ante la amenaza de recesión económica; si se evalúa la bondad para Navarra de unos presupuestos generales; si se considera la estabilidad del Gobierno de Navarra; si se juzga la fortaleza del liderazgo de los presidentes de UPN y PP y los aciertos de sus personales planteamientos; si se critica la supuesta rebeldía o sumisión de los diputados afectados; si se aboga por el reforzamiento del pacto UPN-PP o se defiende su quiebra. Voces se oyen para todo.

Entre tanto, el resto de los partidos tratan de sacar ventaja electoral como si con su participación en el debate persiguieran el interés general para Navarra y no el partidista.

Producida la mezcolanza de los asuntos, no es sencillo efectuar el análisis. Siempre habrá quien defienda el criterio del Partido Popular, quien aproveche la ocasión para airear la idea de separar ambos partidos, quien se encuentre cómodo en el estatus de juntos pero no revueltos, quien alegue la rígida disciplina interna de los partidos; quien disimule, por si acaso. Así hasta donde queramos. Entre tanto, el debate continúa desbocado.

Quisiera destacar de esta mixtura un detalle que no puede pasar desapercibido. Con cierto desenfado y falta del rigor se afirma que para el mejor resultado electoral es necesaria la separación de UPN y PP. Unos afirman que el PP asusta a votantes socialistas que podrían recalar en UPN si concurriera en solitario a las elecciones. Refuerzan el argumento señalando que los genuinos votantes del PP seguirían apoyando a UPN al considerar el voto útil. Opinan que el espectro electoral se exprime mejor con opciones electorales diversas. Otros, con argumentos de fortaleza semejante, afirman lo contrario. No falta quienes juegan a la bisagra y miran a derecha e izquierda.

Es preciso no olvidar que UPN, salvo en las elecciones de 1979, nunca ha concurrido en solitario a las elecciones generales. Siempre lo ha hecho coaligado con otras formaciones. Con AP (1982 y 1986), con el PP desde 1989. No tenemos, por tanto, ninguna referencia del valor de UPN como partido de proyección nacional. Quizá pueda servir a estos efectos la referencia del CDN, que sí ha concurrido solo. Después de un resultado exitoso del 12,60% de votos sobre el censo en las elecciones regionales en 1995, alcanzó solamente el 3,83 en las elecciones generales de 1996 e inició una fase decreciente que le ha llevado a no presentarse en las elecciones de 2008 y a ofrecer problemas de permanencia política.

En las elecciones regionales, UPN se ha presentado en solitario hasta las de 1991, en las que concurre junto con el PP bajo el pacto UPN-PP. Supuso para él un incremento electoral de 5,49 puntos sobre los resultados conseguidos en las elecciones de 1987. Alcanzó el Gobierno de Navarra. En las elecciones posteriores, UPN-PP ha conseguido el 29,50% de votos del censo, 7,1 puntos más que en 1991. Este aumento de votos coincide práctica y curiosamente con los perdidos por el PSN por los escándalos de Urralburu.

¿Constituirá el resultado electoral de 1987 el techo electoral regional de UPN cuando concurre solo a las elecciones? ¿Recuperará el PSN los votos perdidos? Sólo podrá hacerlo si transmite al ciudadano la seriedad de un partido en la oposición que se reconoce como una alternativa de poder seria que garantiza la gobernabilidad y no frívola.

Por otra parte, el sistema electoral actual ha provocado un claro bipartidismo en las elecciones generales. ¿Cómo influirá este bipartidismo en las elecciones regionales navarras?

El segundo escaño de UPN-PP en el Congreso se juega por 15.000 votos. Los últimos escaños en el Parlamento foral se disputan por muy pocos miles de votos.

Por todas estas razones, es aconsejable la prudencia porque, como dijo Píndaro, el que quiere vencer un obstáculo debe armarse de la fuerza del león y de la prudencia de la serpiente.