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Educación para la ciudadanía

Javier Marcotegui Ros, presidente del Consejo Escolar de Navarra

Este escaso tiempo se concentra en dos de los 10 cursos afectados, a razón de una o dos clases semanales. Curiosamente no se atiende por igual a todos los alumnos. Los de determinados modelos lingüísticos de Primaria dedican a la asignatura la mitad del tiempo general señalado. Es decir el 0,59%: como si su formación en esta área debiera ser la mitad de la recibida por sus compañeros. Cabe preguntarse, por tanto, si con esta asignatura se pretende realmente educar a los jóvenes españoles para ser buenos ciudadanos y si es necesaria para alcanzar tan noble fin. Personalmente creo que el fin pretendido es otro distinto y que la asignatura no es necesaria porque esta formación constituye un objetivo general del centro recogido en su proyecto.

La regulación de los programas de las áreas o asignaturas señala que sus contenidos están basados en una serie de principios que dan coherencia y continuidad al desarrollo personal y formativo del alumno. Por lo que tales principios deben ser considerados en conjunto y no de forma aislada. Entre los principios se cita el de la convivencia, los valores y prácticas democráticas, el desarrollo de actitudes contrarias a la violencia, el fomento de la igualdad de hombres y mujeres y el acercamiento y respeto a las diferentes culturas.

Los programas pretenden que los alumnos consigan su realización personal, la capacidad para el ejercicio de la ciudadanía responsable y la incorporación satisfactoria a la vida adulta. Esto requiere alcanzar la capacidad de ejercer adecuadamente habilidades prácticas, conocimientos, motivaciones, valores éticos y morales, actitudes, emociones y otros componentes sociales. Por ello el programa de la asignatura mencionada reconoce que en las otras de la Educación Infantil y de Primaria se trabajan muchos de los aspectos específicos de ella.

Esta afirmación de transversalidad no se formula expresamente en el programa de la asignatura de la ESO. Ahora bien, no puede ser de otro modo al igual que la competencia básica de la lectura y la escritura se adquiere con la actividad de todas las asignaturas. La formación de la persona como ciudadano responsable es el objetivo fundamental de la actividad docente y a él colaboran tanto las Matemáticas, como las Ciencias naturales y Sociales, la Ética o la Formación física. No es posible concebir que la formación para el ejercicio de la libertad, de los derechos y deberes ciudadanos, quede relegada a una hora determinada de un curso concreto.

Por otra parte, no existen asignaturas buenas o malas, con contenidos deseables o perversos. Los profesores hacen adecuados o rechazables los contenidos de las asignaturas dando uno u otro sentido a los epígrafes genéricos de los programas. A modo de ejemplo: el de «La familia en el marco de la Constitución española». A ello ayuda el hecho de que no se prescriban textos concretos. Lo importante de este debate, al margen de la oportunidad o no de la asignatura, es que sus profesores, al igual que los de otras asignaturas, respeten el derecho constitucional del alumno a ser bien educado conforme con sus propias convicciones morales y religiosas. Hacia ahí debe ser dirigido el celo y la denuncia.