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ETA también estuvo allí

Jaime Ignacio del Burgo, diputado de UPN

El ministro del Interior rechazó la existencia de ninguna clase de colaboración entre ETA y el integrismo islámico por tratarse de dos tipos de terrorismo "absolutamente incompatibles". Y añadió: "Son relaciones que nunca han existido, como puso de manifiesto el presidente del Gobierno en su comparecencia de hace dos días y como pongo yo de manifiesto hoy en mi comparecencia en esta Comisión. Es una tesis extravagante a la luz de los hechos fríos, objetivos y racionales. Después de ocho meses de investigación policial, judicial y parlamentaria, no ha aparecido ningún tipo de relación… La relación ETA-integrismo islamista es una relación establecida sobre bases extravagantes, por decirlo finamente. Son relaciones que han sido desmentidas punto por punto por los hechos fríos, ineluctables, objetivos, ineludibles, que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y el juez de instrucción han hecho en los últimos ocho meses".

"¿Con toda rotundidad?"

Que en el curso de esta comparecencia cuando pedí al ministro Alonso que comprometiera su carrera política dando respuesta a esta pregunta: "¿Está usted en condiciones de afirmar con toda rotundidad que ETA no aparecerá jamás por ninguna esquina?". El ministro Alonso ni siquiera se dignó en contestarme.

Tampoco lo hizo cuando, en el pasado periodo de sesiones, pregunté al ministro sobre la veracidad de una información publicada por EL MUNDO que revelaba que el día 17 de marzo de 2004, Emilio Suárez Trashorras, antes de ser detenido, informó a la Policía de que Jamal Ahmidan, alias El Chino -Mowgli para sus amigos- le había confesado tener amistad con los terroristas de ETA detenidos en Cañaveras el 29 de febrero de 2004 cuando trataban de introducir en Madrid una furgoneta con más de 500 kilos de explosivos. Dando muestras de un cinismo a prueba de bombas, el ministro me espetó que todavía no me había enterado de que vivimos en un Estado de Derecho donde la investigación de los delitos se efectúa bajo la dirección de los jueces. Y cuando le repliqué que había eludido mi pregunta, Alonso me contestó: "¡Viva la Constitución!".

Pues bien, ahora resulta que ETA también estaba allí, en el 11-M. Así se desprende al menos de las declaraciones efectuadas por Emilio Suárez Trashorras a ese magistral periodista de investigación que es Fernando Múgica y que acaba de publicar el diario EL MUNDO.

El asturiano cuenta con pelos y señales cómo aquel 17 de marzo se reunió en Asturias con un grupo de policías y un teniente coronel miembro del CNI a instancias del jefe de estupefacientes de Avilés, alias Manolón, de quien Suárez Trashorras era su confidente, para contar todo cuanto sabía de sus relaciones con la banda de El Chino, a quien las investigaciones policiales apuntaban ya como posible autor material del atentado. En el curso de esa declaración informal, y en su papel de confidente, el asturiano reveló que El Chino le había comentado que era amigo de uno de los etarras detenidos en Cañaveras. Fue entonces cuando le dijeron que a ellos "les interesaba implicar a los moros y dejar a ETA aparte, alegando el momento político que se estaba viviendo en España".

Si no fuera porque esta declaración ya la había efectuado Suárez Trashorras ante el juez Del Olmo hace un par de años pensaríamos que se trata del recurso desesperado de un imputado que arriesga una condena de tres mil años de cárcel para enmarañar los hechos por los que se le juzga y obtener un veredicto de inocencia. Pero esta circunstancia confiere verosimilitud a la confesión de Suárez Trashorras al diario EL MUNDO, donde confirma algo que ya sospechábamos desde el comienzo de los trabajos de la Comisión del 11-M: que los contactos entre ETA y los asturianos se habían iniciado en 2001, tras el paso por la cárcel de Villabona de Antonio Toro, cuñado de Emilio.

Desde el inicio de las investigaciones policiales han sido varios los candidatos al infame título de autor intelectual. Mientras el CNI apostaba por Lamari, el ministro Alonso lo hizo por El Tunecino. En la UCIE se barajaba el nombre de Abú Daddah, acusado de colaborar en el 11-S. También surgió a la palestra otro islamista apodado El Egipcio. Pues bien, los últimos informes aportados por la Comisaría General de Información al juez Del Olmo atribuyen la autoría intelectual de la masacre de Madrid a Jamal Ahmidan, El Chino. Captado por el integrismo fundamentalista durante su estancia en una cárcel de Marruecos, la Policía considera que un Chino encapuchado es quien lee el comunicado de reivindicación del atentado de Madrid en el vídeo grabado por los terroristas el 13 de marzo por la tarde. Jamal Ahmidan ha pasado, por tanto, de ser un narcotraficante de tres al cuarto, utilizado por los elementos más fundamentalistas de la célula de Lavapiés para conseguir los explosivos por su amistad y negocios con los asturianos, a ser el jefe de la banda terrorista.

Hay otro elemento a tener en cuenta. Al Qaeda como tal no tuvo nada que ver con el 11-M. Ya lo dijo Jorge Dezcallar en la Comisión y nadie sostiene a estas alturas lo contrario. Y aun cuando el CNI, el 15 de marzo de 2004, al analizar el vídeo de reivindicación del día 13 de marzo, se esforzó en convencernos de que el terrorista encapuchado (¿El Chino?) que dio lectura al comunicado se sentía ya cadáver y anunciaba con su indumentaria su voluntad de suicidarse -adivinando con sorprendente clarividencia lo que ocurriría tres semanas después al hacer explosión el piso refugio de Leganés-, lo cierto es que el atentado de Madrid es el único de los perpetrados por el terrorismo islamista donde falta la huella del terrorista suicida, a diferencia de lo sucedido en el 11-S, Casablanca, Bali y Londres, entre otros. Los servicios de inteligencia también informaron de que tenían el propósito de seguir atentando en España, pues, aunque el presidente electo había anunciado su decisión de retirar las tropas españolas de Irak, se proponía incrementar nuestros efectivos en Afganistán y esto suponía un nuevo agravio para sus hermanos musulmanes.

Pues bien, si el autor intelectual fue Jamal Ahmidan y este islamista era amigo de uno de los terroristas de Cañaveras, ¿por qué resulta «extravagante» deducir que ETA pudo prestar su colaboración para perpetrar el atentado, o que pudo haber sido ETA la que contratase los servicios de la banda de El Chino?

Suárez Trashorras niega toda participación en el atentado perpetrado por ETA el día 3 de diciembre en Santander mediante la explosión de un coche bomba en un aparcamiento de la capital cántabra. Sin embargo, no cree que fuera casual el robo del vehículo utilizado por los terroristas en las proximidades de su domicilio en Avilés. La circunstancia de que hasta ahora la Policía no haya podido determinar la clase de explosivo utilizado en el atentado de Santander induce a pensar que pudo tratarse de Goma 2 ECO, obtenida en Asturias, pues si hubiera sido Titadyne se hubieran encontrado restos de nitroglicerina, sustancia que aquélla no contiene (recuérdese cómo uno de los grandes enigmas del 11-M lo constituye el hecho de que el laboratorio de los Tedax dictaminó que en los focos de explosión se habían encontrado "los componentes habituales de las dinamitas", es decir, nitroglicerina, lo que excluye la utilización de Goma 2 ECO en el atentado de Madrid).

Por otra parte, el asturiano confirma que, desde 2001, a petición de Manolón, mantuvo contactos con ETA. Las denuncias de Lavandera a la Guardia Civil sobre una posible venta de explosivos a los etarras cobran así plena verosimilitud. Lo mismo que las efectuadas en 2002 por el confidente Nayo, que implicaban además a un miembro de la Guardia Civil de Bilbao. Precisamente, la desaparición de este narcotraficante y el nulo interés demostrado hasta ahora para conseguir su extradición -a pesar de conocer que se encuentra refugiado en Santo Domingo, donde fue localizado por EL MUNDO-, demuestran que hay un afán deliberado en evitar que este confidente comparezca ante la Justicia.

La voluntad de ocultación por parte del Gobierno se pone de manifiesto en otros aspectos que podrían demostrar la connivencia entre ETA y los islamistas. Es el caso de las andanzas del tristemente célebre Chino en el País Vasco, donde se movía como pez en el agua, sobre las que nadie ha querido saber nada a pesar de que en la Comisión de Investigación exigimos conocerlas de forma reiterada.

Piso franco

La furgoneta de Cañaveras constituye al parecer un gran secreto de Estado a juzgar por la opacidad que rodea todo cuanto a ella se refiere. Se sabe que en los primeros días de marzo de 2004 los cuerpos policiales investigaron la posibilidad de que los etarras detenidos hubieran tenido un piso franco en Mieres, y enseñaron a los vecinos de las viviendas próximas a la antigua estación del ferrocarril El Vasco una fotografía de la locomotora que lo recuerda en la localidad asturiana. La fotografía habría aparecido en poder de los etarras detenidos en Cañaveras. Pues bien, nuestros intentos de esclarecer lo ocurrido acabaron en un rotundo fracaso. Se nos negó que hubiera existido tal investigación policial en Mieres, a pesar de haberse publicado con todo lujo de detalles en la prensa asturiana. Se rechazó que existiera tal fotografía. Y cuando pedimos la remisión del acta de recogida de efectos de la furgoneta de Cañaveras, obrante en poder de la Guardia Civil, se nos dijo que estaba amparada por el secreto del sumario.

Por otra parte, Suárez Trashorras afirma haber proporcionado a Manolón numerosos datos sobre la infraestructura de ETA en el Principado. Pero si esto es cierto, el jefe de estupefacientes de Avilés no consideró oportuno informar de ello a la Comisión ni, al parecer, a sus superiores jerárquicos, que tampoco dijeron nada al respecto.

No cabe duda de que el episodio de Cañaveras es realmente extraño. La salida de la caravana de la muerte hacia Madrid se produjo casi a la misma hora en que El Chino puso rumbo desde Avilés a Morata de Tajuña. Por cierto, que Suárez Trashorras afirma que la famosa caravana estaba controlada en todo momento por la Policía. Ello explicaría que superara sin problemas su detención en las proximidades de Burgos por una pareja de la Guardia Civil de Tráfico, que se saldó con una simple multa a pesar de que circulaban con un coche robado, que carecía del seguro y de la documentación, y de que su conductor exhibió un pasaporte falso.

Otro episodio que tampoco se ha querido investigar es la confidencia efectuada por un colaborador de la Policía de Badajoz, que 15 días antes del atentado informó haber detectado en el aeropuerto de Fráncfort la presencia de Josu Ternera, a quien escuchó lo siguiente: "Dentro de poco los españoles se van a enterar de lo que somos capaces de hacer". En la Comisión del 11-M se confirmó la existencia de tal confidencia y que su autor merecía crédito a juzgar por su trayectoria. Pero cuando pedimos mayor información se nos remitió un informe de la Comisaría extremeña en el que se decía que no podían facilitar más datos porque su confidente "tenía el móvil desconectado".

Si las paredes de la cárcel de Villabona pudieran hablar, seguramente nos llevaríamos grandes sorpresas. En la prisión asturiana se encuentra encarcelado Abdelkrim Benesmail, peligroso terrorista argelino. Se ha dicho que Allekema Lamari, uno de los supuestos suicidas de Leganés, acusado por el CNI de ser el autor intelectual del 11-M, era su lugarteniente. Benesmail coincidió con Antonio Toro y varios etarras en el mismo módulo penitenciario. Trabó amistad con los etarras, uno de los cuales dejó constancia de cómo le profesaba una admiración sin límites. Pues bien, Benesmail fue acusado en octubre de 2004 por el juez Baltasar Garzón de preparar un atentado con coche bomba contra la Audiencia Nacional y se sabe que otro de los implicados -Mohamed Achraf-, contactó con el etarra Juan José Rego Vidal (condenado por regidicio frustado) para ver la posibilidad de que ETA les proporcionara los explosivos. Para complicar más las cosas, resulta que este peligroso islamista es amigo de Fernando Huarte, dirigente socialista asturiano y colaborador o agente del CNI. Pues bien, Lamari, tras haber sido excarcelado por un error de la Audiencia Nacional en junio de 2002, pasó a la clandestinidad y se refugió en Tudela de Navarra. Ya hemos dicho cómo Lamari fue considerado por el CNI autor intelectual del 11-M. Lo cierto es que lo tenía controlado hasta el punto de haber alertado, en una nota informativa fechada el 6 de noviembre de 2003, que este antiguo miembro del sanguinario grupo terrorista argelino GIA se proponía realizar un gran atentado contra un edificio mediante un coche-bomba conducido por un suicida. La Guardia Civil, en su informe sobre la furgoneta de Cañaveras, dice que los etarras se proponían tal vez entregar el vehículo a otro grupo de terroristas. ¿Podría tratarse de una aportación de ETA para el proyecto de voladura de la Audiencia Nacional, objetivo asumido por Allekema Lamari, lugarteniente de Benesmail? Es evidente que entre Lamari y El Chino existía una estrecha relación y que este último estaba al corriente de los planes homicidas del argelino.

Hay otro dato a tener en cuenta. Nadie sabe a estas alturas quiénes fueron los terroristas que colocaron las bombas en los trenes. Suárez Trashorras afirma que la Policía trató de que implicara a Jamal Zougam y a El Tunecino. ¿Pero fueron los presuntos suicidas de Leganés los autores materiales del atentado?

Por último, las declaraciones de Suárez Trashorras sugieren algo más. ¿Cómo es posible que si El Chino, Lamari, El Tunecino, El Egipcio y el resto de sus compinches se hallaban estrechamente vigilados por los cuerpos de seguridad, se produjera el atentado? ¿Se trataba de una operación policial que se fue de las manos? En tal caso, ¿de quién fue la responsabilidad? Si no se da una respuesta clara y contundente a estos interrogantes, en la opinión pública podría anidar otra gran pregunta: ¿Hubo una mano negra capaz de mover los hilos de islamistas y etarras? Sería terrible una respuesta positiva.

Posible conexión

Dice la verdad Suárez Trashorras? No lo sabemos. ¿Estuvo ETA allí? Tampoco lo sabemos. En cualquier caso, las declaraciones del asturiano demuestran la necesidad de abrir una investigación a fondo sobre la posible conexión etarra. ¿Lo hará el juez Del Olmo? Hay una cosa clara: el Ministerio del Interior no ha dicho la verdad ni al juez ni a la Comisión de Investigación al afirmar que lo ha investigado todo sobre ETA y que ésta no sale por ninguna parte.

Aunque en el 11-M resulta aventurado sacar conclusiones, a estas alturas estamos en condiciones de proclamar que si podría ser temerario hablar de la existencia de una conspiración interior, en cambio sí puede afirmarse -y así lo afirmo- que ha habido una infame conspiración para evitar que se conozca la verdad.

El Congreso no puede permanecer impasible ante este anormal funcionamiento del Ministerio del Interior. Si hubiera habido negligencias, omisiones o complicidades antes del 11-M, caiga sobre sus responsables todo el peso de la Ley. Se dirá que también podrían extenderse las responsabilidades políticas al anterior Gobierno del PP. Ocurre que, si las hubo, éstas quedaron saldadas con creces el 14 de marzo, aunque si se llegara a demostrar que ETA estuvo allí, en tal caso habría motivos suficientes para reclamar al inquilino actual de La Moncloa daños y perjuicios.

En cualquier caso, no creo que el Congreso cumpla con su deber constitucional porque, para ello, la mayoría gubernamental tendría que reconocer que la Comisión del 11-M se cerró en falso para proteger los intereses políticos del presidente Rodríguez Zapatero. Sea lo que fuere, si Pérez Rubalcaba no ordena a la mayor brevedad una auditoría de la investigación, se hará corresponsable político de la conspiración para obstruir la acción de la Justicia y de mentir al Parlamento. Habrá que aplicarle su propia medicina: los españoles no nos merecemos un gobierno que nos mienta.