Descargas

Política de (no) ficción

Carlos Salvador, diputado de UPN

Pero, ¿alguien se cree que ese apoyo sería gratuito?Me explico. Como el «navarrómetro» no otorga más de 12 escaños a los socialistas navarros, los 14 parlamentarios restantes para llegar a la mayoría absoluta en el Parlamento foral los tendría que sumar con los nacionalistas vascos y los comunistas de IU. La debilidad del PSN en ese gobierno multipartito da una idea de los peajes que el socialismo tendría que pagar. Se me ocurre que podrían ser estas las primeras facturas a pagar:
El presidente del Parlamento Foral de Navarra sería un nacionalista vasco; el Vicepresidente del Gobierno también sería otro abertzale. En caso de que UPN en solitario o con CDN no obtengan la mayoría absoluta en el Ayuntamiento de Pamplona, los nacionalistas obtendrían también, a cambio de su apoyo en el Parlamento Foral, la Alcaldía de Pamplona.

En todos aquellos Ayuntamientos donde los números cuadrasen, reeditarían la fórmula nacionalista-socialista de Tafalla, Burlada, Barañáin, Estella y Sangüesa.

Los abertzales más radicales se harían con las consejerías de educación y cultura del Gobierno de Navarra para impulsar desde ellas su ideologizada política lingüística. Y también obtendrían juventud, bienestar social y ¿por qué no economía y hacienda? Si negociaran bien.

Una vez repartido el poder estas serían las iniciativas y cambios legislativos que con toda probabilidad impulsaría el nuevo gobierno:

Se modificaría el Amejoramiento para establecer como lengua propia única el vascuence. Se eliminaría de la Ley Foral del Vascuence la zonificación actual.

Se introduciría con carácter general el requisito del conocimiento del vascuence en las oposiciones para ingresar en toda la administración pública.

Igualmente, se llevarían a cabo cambios normativos claves en educación, para la implantación general del Modelo D; se revisaría la financiación universitaria pública y privada en función del compromiso con un currículo más euskaldún, o se revisarían los criterios que regulan los conciertos con colegios privados.

Se podría impulsar la creación de un ente de radio y televisión públicos, o en su defecto, se podría dar impulso a actuaciones para la mejor captación de la Eitb en Navarra. Esto último es más probable.

Se inaplicaría de facto la Ley Foral de Símbolos con el objetivo de permitir la colocación de la bandera del PNV en todos los edificios de la administración foral y local de Navarra. La ikurriña empezaría a ondear «con normalidad» en todos los edificios públicos mientras veríamos desaparecer la española.

También se impulsarían modificaciones legislativas, a nivel nacional, para permitir la federación a entidades locales en Mancomunidades y asociaciones de servicios supraautonómicos. Con lo que desaparecería de facto la Federación Navarra de Municipios y Concejos a favor de Udalbiltza, por ejemplo. Y, ¡como no!, todos los coaligados impulsarían a instancia de los nacionalistas un Órgano Común Permanente con el fin de armonizar las políticas de interés común entre Navarra y Euskadi que, como todos sabemos, para los nacionalistas tienen que ser todas. Todo esto es política ficción, dicen algunos.

Pero cuando los voceros de Batasuna amenazan nuestra libertad afirmando que «quien crea que es posible un proceso de resolución que no modifique el estatus de Navarra está soñando despierto», o cuando el Gara revela que el gobierno de la nación habría llegado a acuerdos con el mundo etarra para garantizar el respeto a las decisiones en el País Vasco y Navarra, ¿qué otra cosa podemos pensar que hayan negociando los socialistas vascos con los proetarras para conseguir darles satisfacción con el tema de Navarra, sin quebrar de frente nuestro «status jurídico». Tiene lógica pensar en ello? Yo creo que sí.

Los pactos post electorales aquí descritos en sí mismos son todos muy legítimos, pero no lo será tanto ocultarlos o negarlos antes de las próximas elecciones . Estoy seguro de que UPN no participará en un gobierno que se marque como objetivos de legislatura todos los cambios que aquí se describen. Lo que empieza a ser también evidente es que el PSOE de ZP no quiere asumir ese mismo compromiso con Navarra aunque muchos de sus votantes en nuestra tierra todavía no se lo crean. Pues, créanme, así podrá ser si no le ponemos entre todos democrático remedio.