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La mayoría silenciosa

Suele ser recurrente apelar a «la mayoría silenciosa» cuando se trata de minimizar la gravedad de los insultos y agresiones que las minorías radicales realizan a las máximas autoridades de la Comunidad foral, en la Plaza de Toros, el Sadar o Procesión de San Fermín. Desde UPN nos rebelamos ante semejante conformismo, que la mayoría de las veces tiene mucho que ver con la comodidad de no dar importancia a lo que realmente la tiene.En ningún estadio de fútbol se insulta al presidente de la Comunidad o al alcalde de la localidad. Tampoco se increpa desde el odio y el mal gusto al alcalde o alcaldesa en las plazas de toros desde antes de empezar el espectáculo, por el simple hecho de no identificarse con el partido político al que pertenece.

En democracia, la discrepancia política se manifiesta con respeto y en los lugares apropiados. No hemos visto increpar al alcalde de Sevilla, Bilbao, Madrid o cualquier otra ciudad por presidir un espectáculo taurino, deportivo o, sencillamente, por participar en una manifestación religiosa. Dentro de nuestra Comunidad tampoco se insulta con semejante gravedad a los alcaldes de Tudela, Corella o Sangüesa cuando participan en las procesiones en honor del Patrón de sus localidades.

Sólo en Pamplona ocurren estos hechos, que en la mayoría de los casos son constitutivos de delito y que quedan impunes para disfrute y regocijo de quienes los protagonizan, minorías radicales que saben que no tendrán respuesta porque la mayoría se escuda en el silencio, y las fuerzas del orden a veces bastante tienen con proteger a las autoridades.

La mayoría debe hacer oír su voz, dejarse ver, responder democráticamente y con firmeza, defenderse ante el insulto y denunciar al delincuente.

La democracia no se construye increpando gravemente y sin ton ni son a quienes no piensan igual que tú. La libertad no se gana sólo con el ejercicio del voto cada cuatro años. Algunos «progres» de la política dirían que quienes denunciamos estas tropelías propugnamos el pensamiento único y no sé cuántas cosas más. Nuestra respuesta será siempre la misma: cuanto más silenciosa es la mayoría, más ruidosa se hace la minoría, y cuando el ruido prevalece por encima de la razón, la democracia se tambalea.

Es verdad que cada vez son menos los que actúan de esta manera, pero precisamente por eso es necesario actuar y salir del silencio, hasta conseguir erradicar plenamente a este grupo de profesionales del insulto y la algarada. Mientras quede un solo fanático dispuesto a increpar gravemente a la autoridad democráticamente constituida, o a exhibir pancartas con mensajes indignantes, cuando no apologistas del terrorismo, no podremos estar satisfechos, y mucho menos tranquilos.