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Estado de gracia

Los nuevos rectores de la política española gozan de un momento de gracia que, por ahora, les permite, sin coste político aparente, cometer errores políticos de bulto y excesos que no son tenidos en cuenta por la ciudadanía a la hora de valorar positiva o negativamente su acción política.>

No encontraremos muchos ejemplos en la historia española reciente en la que un liderazgo político se haya ejercido con tal cúmulo de despropósitos. Lejos quedan la desastrosa defensa de los intereses agrícolas españoles en Europa, la cacicada del PHN; o la renuncia a la Ley de Calidad en la Educación.. O, ¡qué me dicen de la autocondecoración de Bono! (recomiendo sobre este particular la lectura del texto de la motivación de la Medalla de Oro concedida por la Junta de Castilla-La Mancha al Ministro Bono). O los excesos del Ministro Moratinos (ahí quedan las acusaciones al PP en el golpe de estado de Venezuela, su silencio ante los insultos del Rey de Marruecos al anterior presidente, o el espionaje desde alguna embajada española al sr. Aznar).

O que decir del uso privado de la piscina de la Guardia Civil por la señora presidenta y las clases particulares de buceo que expertos del cuerpo le daban por la cara (hecho que, por suerte, no volverá a ocurrir una vez climatizada la piscina de la Moncloa). Sin olvidar el cuento de las “soluciones habitaciones” en vivienda que iba solucionar el encarecimiento de los precios (cuando hoy sabemos que la vivienda ha subido más en 2004 que en 2003 por ejemplo). Y el desastre del Carmel, ¿qué? Y como guinda, el peaje parlamentario a los radicales de la esquerra, ¡ahí queda eso! Y mañana, ¿qué será?

La prueba del algodón para valorar la prudencia y bondad política de muchas de estas actuaciones o el grado de reprobación social objetiva que debieran provocar, es fácil. Basta con cerrar los ojos e imaginar que la actitud analizada, o cualquiera de los hechos aquí descritos, los hubiera protagonizado alguien del PP. Todo cambia. Lo ha dicho con mucha ironía Esperanza Aguirre.

Sería muy educativo, igualmente, que de vez en cuando hiciéramos el ejercicio contrario. Es decir, imaginar a los socialistas en la piel de los del PP. Igual resulta que algunas reivindicaciones y manifestaciones que se han organizado y realizado contra estos nos acabarían pareciendo desproporcionadas y tremendamente injustas.

En política, por lo general todo el mundo quiere servir al bien común, sea del PSOE, del PP o seamos de UPN. Por eso, a la hora de valorar públicamente una acción política, es más justo concentrarse en conocer los beneficios sociales que realmente aquella provoca que en poner el acento en valorarla en función de quien sea la persona o el partido que la protagoniza.

Tengo la sensación de que aplicamos una diferente vara de medir a las acciones de unos y otros. Al PP no se le perdona una, y al PSOE todo lo contrario. Y lo cierto es que después del paso de ambas formaciones por el gobierno de la Nación, podemos afirmar sin miedo a equivocarnos, que en lo que a honorabilidad y honradez en el ejercicio del cargo se refiere, el PP sale mucho mejor parado de la comparación. Y no digamos si de lo que se trata de es de comparar los datos económicos y de empleo.

Carlos Salvador
Diputado por Navarra (UPN)