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¿A DÓNDE NOS LLEVAS, PRESIDENTE? 2. Un fraude de ley consentido por el Gobierno

Arnaldo Otegui había anunciado a los cuatro vientos que la izquierda abertzale estaría presente en las elecciones vascas, de una u otra forma y que nadie lo iba a impedir. Cuando lo dijo la primera vez dio la impresión de tratarse de una bravata más del mundo batasuno. Los hechos han demostrado que Otegui no hablaba a humo de pajas. Mientras estábamos entretenidos –y loando la firmeza del Gobierno– con la ilegalización de la “lista blanca”, el Partido Comunista de las Tierras Vascas, en plena connivencia con ETA-Batasuna, ponía en marcha sus motores. Todo el mundo sabe en el País Vasco quién ha proporcionado a los “comunistas”, que se han negado a condenar la violencia de ETA, los medios de financiación, el diseño de la publicidad, la difusión de la propaganda electoral, los interventores y apoderados y el asesoramiento jurídico. Batasuna se jacta de haber realizado 153 actos.>

En el terreno político, y esto es definitivo, EHAK incorporó a sus objetivos electorales la propuesta de Anoeta. Ello permitió a Arnaldo Otegui y a Batasuna pedir el voto para el Partido Comunista de las Tierras Vascas, pues “votar a EHAK es votar un proceso de resolución del conflicto”. La noche de las elecciones, Batasuna proclamó a los cuatro vientos su resonante triunfo electoral.

Para mayor escarnio de nuestro Gobierno y de su Fiscal General, el diario “Gara” nos obsequiaba el pasado 25 de abril el siguiente titular a toda página: “La Mesa Nacional se felicita por su estrategia contra la ilegalización”, seguido del siguiente subtítulo: “Los votos obtenidos por la izquierda abertzale ‘nos dan una base sólida para afrontar con tranquilidad y valentía los próximos retos”. Y añadía: “Impulsará una solución democrática soslayando el debate de la gobernabilidad”.

La representante de EHAK ha defendido ante el lehendakari los postulados de la propuesta de Anoeta en la ronda de conversaciones abierta por el presidente en funciones del Gobierno Vasco con vistas a la formación del nuevo Gobierno vasco. Una ronda cuyo colofón será la entrevista –no sabemos si pública o secreta– de Ibarreche y Otegui, de acuerdo con lo que hablaron ambos personajes a lo largo de la noche electoral.

El Plan Ibarreche y la claudicación de Rodríguez Zapatero

Procede hacer una breve referencia al Plan Ibarreche. El Partido Popular intentó, sin éxito, conseguir un pronunciamiento del Tribunal Constitucional sobre la inconstitucionalidad tanto de su formulación como de su contenido. El Gobierno de Rodríguez Zapatero se negó a interponer recurso de inconstitucionalidad contra el proyecto por el Parlamento Vasco. Alegó razones formales. El texto elevado al Congreso no era más que una propuesta y, por tanto, el Tribunal se habría visto obligado a dictar auto de inadmisión del recurso. La actitud del Gobierno es una clara usurpación de las funciones del supremo intérprete de la Constitución. Como yo, Gobierno, investido del Espíritu Santo, sé lo que va a decir el Tribunal Constitucional, no hace falta que molestemos a sus magistrados, que bastante ocupados andan ya.

Pero, con la perspectiva que proporciona el paso del tiempo, podemos aventurar que el Gobierno quería evitar un pronunciamiento sobre el fondo. ¿Qué hubiera ocurrido si el Tribunal, ante la gravedad de la aprobación de un proyecto secesionista, declara la inconstitucionalidad del plan Ibarreche no sólo por vulnerar el artículo 2 de la Constitución sino por suponer además un vaciamiento casi total de las competencias reservadas al Estado en el título VIII? Pues muy sencillo. Que la pretensión de Maragall de llegar a un resultado similar al de Ibarreche al menos en cuanto al contenido del autogobierno habría quedado tocada de ala. Y eso es algo que Rodríguez Zapatero quiere evitar a toda costa.

Con su rechazo en el Congreso al Plan Ibarreche, la opinión pública se tranquilizó. Podía confiar en la firmeza del presidente frente a cualquier proyecto secesionista. Más puntos para Zapatero. Pero nadie advirtió –o muy pocos lo hicieron y si lo hicieron no llegó su voz a la opinión pública- que en el curso del debate se produjo una cesión del presidente a los nacionalistas de extrema gravedad. Ibarreche había justificado la presentación de su plan en el argumento de que ni la Constitución ni el Estatuto servían ya como marco de convivencia para el País Vasco. Pues bien, Rodríguez Zapatero aceptó su razonamiento y, por tanto, su base de partida: la defunción de la Constitución y el Estatuto. El presidente ofreció abrir un proceso de diálogo para alcanzar un “marco definitivo” para el País Vasco mediante la aprobación de un plan “sin apellidos”, un plan elaborado por todos y para todos. Ibarreche vio derrotado su plan secesionista, pero volvió a Ajuria Enea con un as en el bolsillo: la claudicación del presidente y el reconocimiento de que lo que hay no sirve. Podemos llegar a entendernos y configurar un nuevo marco. ¿No suena eso a la propuesta de Anoeta?

Durante la campaña electoral, Rodríguez Zapatero además de comprometerse a dar su apoyo a cualquier propuesta de nuevo Estatuto que se presente con el apoyo de al menos los dos tercios del Parlamento de Vitoria, anunció un referéndum sobre el futuro del País Vasco. Es verdad que cualquier reforma del Estatuto debe de ser sometida a refrendo de la ciudadanía vasca. Pero tal como lo dijo pretendía halagar los oídos de quienes defienden la necesidad de respetar el ámbito vasco de decisión. ¿Fue el eco batasuno de Anoeta el que inspiró las palabras de Rodríguez Zapatero en San Sebastián?

La “hoja de ruta”

Rodríguez Zapatero ha asumido en los últimos tiempos la fraseología típica y peligrosamente nacionalista. “Zapatero ofrecerá a Ibarretxe y Rajoy acordar la ‘hoja de ruta’ para Euzkadi”, titulaba el diario EL PAIS, el pasado 25 de abril. ¿Qué es eso de la hoja de ruta? ¿Acaso Euzkadi es Palestina?

Batasuna pide diálogo. El PNV pide diálogo. El Gobierno manifiesta su disposición al diálogo. Rodríguez Zapatero se compromete a respetar la voluntad vasca expresada en el Parlamento por dos tercios de sus miembros lo que significa que excluye del consenso al Partido Popular. Habrá referéndum si hay acuerdo. Y para redondear la jugada, el candidato socialista Pachi López afirma estar dispuesto a participar “en mesas sobre pacificación y definición del marco”. ¿No suena eso a la propuesta de Anoeta? Así que está todo dispuesto. Sólo falta la tregua de ETA.

De momento, los etarras y sus acólitos han conseguido sentar las bases para la apertura de un nuevo proceso para sustituir el actual marco jurídico como requisito previo imprescindible para alcanzar la paz. Como demostración de su buena voluntad, y en la búsqueda de puntos de encuentro, los socialistas vascos han propuesto la definición de Euzkadi como “comunidad nacional”. De forma incomprensible, el respetado presidente del Consejo de Estado, Francisco Rubio Llorente, se lanza al ruedo de la reforma constitucional y defiende la constitucionalidad de la novedosa expresión.

Pero antes de que todo esté preparado para alzar el telón hay que sortear un último obstáculo: el pacto por las libertades y contra al terrorismo. Está en entredicho a causa de la negativa del presidente Rodríguez Zapatero a convocar la mesa del pacto y dar explicaciones de por qué no se pone en marcha el proceso de ilegalización de EHAK y valorar qué consecuencias traerá para el País Vasco y Navarra la revitalización de la organización abertzale a través del falso partido de los comunistas vascos.

El secreto del correcto funcionamiento de la democracia en España durante los últimos veinte años ha sido que tanto el PSOE como el Partido Popular compartían la idea de España y el modelo de Estado insertos en la Constitución de 1978. El pacto entre ambas formaciones había presidido en todo momento el desarrollo del Estado autonómico. Pero este consenso básico está en estos momentos hecho pedazo por la irresponsable apertura por parte del presidente Rodríguez Zapatero de un fraudulento proceso constituyente y un proceso de almoneda del Estado común para satisfacer la voracidad de comunidades nacionalistas.